El Brasil excelente, con una economía al alza, dispuesto a organizar el mejor Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos más deslumbrantes de la historia, aquél que reparte a su nueva clase media para gastar el dinero que en otros tiempos no tuvo en flamantes viajes por el mundo, no es el Brasil total. Me explico.




La imagen de potencia emergente ha borrado a este lado del globo una realidad que existe aunque maquillada por la distancia: la pobreza. Porque la hay. En Brasil todavía millones de personas viven gracias a la ayuda de ONG’s y al apoyo de la Bolsa de Familia creada en los primeros años del gobierno de Lula da Silva.

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Quienes conocemos un poquito de este país pero no somos nativos solemos olvidar los elementos negativos del Brasil que nos enamora. A veces leer noticias como ésta nos recuerda el gran escalón entre clases sociales de uno de los lugares más prósperos del mundo que pese a ello vive la desigualdad de forma natural, casi cotidiana.

Si alguien me dice que en un lugar del planeta tienen que comer ratas para saciar el hambre provocada por la sequía inmediatamente pienso en África. Las personas son iguales, tienen los mismos derechos, las mismas necesidades… La diferencia está en el poder del Estado.

Brasil es un país poderoso que presume de ocupar un puesto relevante en el G20. Precisamente por esa capacidad que le confiere su butaca entre los más ricos del mundo no debería permitir que en el interior de su inmenso territorio las circunstancias meteorológicas obliguen a los habitantes a improvisar trampas caseras para matar ratones de campo con los que llevarse algo de proteína a la boca.

«Tenemos que apañarnos como sea. Este año no hemos plantado nada porque no ha llovido. Nadie aguanta comiendo solo alimentos puros. Con la ayuda que recibimos solo da para comprar arroz, feijão y pasta. Comemos ratón para complementar«, dice Francisca, vecina del distrito de Brejinho, en el municipio de Assunção de Piauí.

Una nutricionista explicó al portal de información UOL que efectivamente una dieta equilibrada debe contener «carbohidratos, proteínas y lípidos, además de minerales y vitaminas». El ratón aporta proteínas de origen animal pero es peligroso ingerir su carne.

«Estos animales solamente comen frutas y viven en ambientes limpios en medio del campo pero también habitan cerca de poblaciones rurales donde la higiene es precaria. Los ratones y las ratas pueden transmitir muchas enfermedades. La gente, cuando los caza, se puede contagiar dentro de sus casas mientras los limpian para comérselos», añade Patricia Lima, especialista en nutrición.

¿Moraleja? Ni en Brasil todo es maravilloso, ni hay que comer ratones… 😉

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