Lucélia Santos fue un icono de la televisión brasileña en las décadas de los 70 y 80. Protagonista de telenovelas como ‘La esclava Isaura‘, desapareció misteriosamente de la pantalla hace cuatro años.








Esta semana un fan la vio viajando en autobús urbano en Río de Janeiro. Este seguidor no dudó en hacerle una fotografía y publicarla en Facebook bajo el lema: “524 (el número del autobús) lleno. Me ofrezco a sujetar la bolsa de la mujer. Y cuando miro es la actriz Lucélia Santos”.

La imagen circuló inevitablemente por las redes sociales, donde la cineasta recibió todo tipo de críticas por el simple hecho de viajar en autobús. Porque para muchos brasileños, quien no usa coche o taxi para desplazarse es simplemente pobre. Y ser pobre en un país en auge económico y consumista es motivo de estigma y discriminación social.

Ridiculizada, objeto de bromas y chistes sobre una presunta condición económica en decadencia, la actriz decidió publicar su opinión en Twitter: “Brasil es el único país que conozco en que ir en autobús es políticamente incorrecto!!!!!! Vete a saber… Eso porque los autobuses aquí, y los transportes colectivos en general, son precarios y ordinarios, lo que muestra una total falta de respeto a la población!

En cualquier país civilizado, educado y organizado es al contrario. La gente da prioridad al transporte colectivo para proteger el medio ambiente. Los gobiernos deberían invertir en transportes decentes para la población, con comodidad y dignidad y después pretender hacer discursos de primer mundo. La prensa debería usar su inteligencia para divulgar campañas para conseguir transportes públicos colectivos de primera grandeza. Terminando: Brasil debería leer más, instruirse más, desear más y salir de la estupidez de un consumo idiota y desechable que le da coches!”.

Aquí tengo que hacer un inciso importante para quienes conocen o están interesados en los medios de comunicación de Brasil. En el artículo ‘Lucélia, uma cidadã’ publicado en O Globo, el periodista Aydano André Motta, refleja estas palabras de protesta de la actriz, cuya postura defiende. Sin embargo, omite (¿intencionadamente?) una parte del texto. Esta: “…y después pretender hacer discursos de primer mundo”. Solo eso. ¿Por qué? Pues porque a O Globo, partidaria del gobierno que gobierne, da igual el que sea, no le interesa reflejar las críticas a los políticos encargados de dirigir al país en ese momento. Curioso. ¿Acaso cree O Globo que la gente es tonta? Solo tienes que ir a Twitter o a cualquier otro artículo de otro medio brasileño para leer el texto íntegro. Sin censura.

Las feroces críticas hacia la actriz quedaron diluidas en una ferviente expansión de mensajes de apoyo y solidaridad. Me pregunto si los que se rieron primero no serían los que más tarde se apiadaron de la intérprete. También curioso.

El caso del viajero que esperaba su avión con bermudas y zapatillas

Imagen del abogado Marcelo Santos tomada en el aeropuerto Santos Sumont de Río de Janeiro. Foto: Facebook

Imagen de Marcelo Santos tomada en el aeropuerto Santos Sumont de Río de Janeiro. Foto: Facebook

Situaciones como la de Lucélia son más comunes de lo que parece. Gracias a las redes sociales (sí, las mismas en las que se difunden este tipo de comentarios) nos enteramos de bromas sobre realidades tan cotidianas que a este lado del charco pasan desapercibidas. ¿Quién se detiene en España (que no es precisamente un modelo de comportamiento a seguir) a fotografiar a un pasajero que espera un avión porque va vestido con bermudas, camiseta de tirantes y zapatillas? ¿Quién?

Esto ocurrió hace pocas semanas en el aeropuerto Santos Dumont de Río de Janeiro cuando un hombre ataviado con ropas ligeras debido al calor, fue fotografiado por una profesora de la universidad privada PUC. La educadora compartió la imagen en Facebook junto a la siguiente cuestión: “¿Aeropuerto o estación de autobuses?”

Rosa Marina de Brito Meyer, que así se llama la encargada de enseñar sus conocimientos a los alumnos de la facultad de Letras, recibió algunos comentarios jocosos de sus amigos y fortalecida por las risas cómplices de sus contactos incluyó otro mensaje: “Lo peor es que Mr. estación de autobuses está en mi vuelo. Al menos no a mi lado”.

El pasajero en cuestión resultó ser un joven abogado de 33 años, Marcelo Santos, quien consideró el episodio como “una forma grosera de humillar a una persona en una determinada situación”. El afectado se enteró de que su imagen estaba circulando por todo Brasil cuando vio la noticia publicada en el perfil de Twitter de ‘Dilma Bolada’, una parodia muy famosa de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, con presencia en varias redes sociales. “Me sorprendió pero después me alegré de que la mayoría de los comentarios estaban contra el pensamiento de la profesora”, aclaró el abogado, para quien viajar en avión “es simplemente una forma de desplazarse”.



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