La prensa internacional no pierde la oportunidad de rebuscar en la basura (y nunca mejor dicho) para mostrar los efectos de la desigualdad en Brasil. Eso sí, de una forma tendenciosa, sensacionalista y sacada de contexto.




En esta ocasión le ha tocado el turno a una imagen tomada por el fotógrafo del diario O Povo, Edimar Soares. En ella aparecen varios aficionados de Brasil tirando botellas a un contenedor donde había una mujer agachada entre la basura. Esta fotografía pertenece a una secuencia completa realizada durante los momentos previos del Brasil-México (2-0) que tuvo lugar en el estadio Castelão de Fortaleza en la Copa Confederaciones de 2013.

El Mundial Brasil 2014 ha devuelto a la actualidad a esta instantánea, que en muchas páginas en Internet están presentando como reciente. Incluso la aprovechan como ejemplo del descontento de parte de la sociedad contra este evento deportivo. Nada tiene que ver. Aunque la diferencia social en Brasil es de las mayores del mundo, no se debe usar una imagen en un contexto diferente al que pertenece. Y no me refiero solo a la fecha.

Mujer en la basura en las inmediaciones del estadio Castelão de Fortaleza, en Brasil. Foto: Edimar Soares

Mujer en la basura en las inmediaciones del estadio Castelão de Fortaleza, en Brasil. Foto: Edimar Soares

¿Qué hacía esa mujer metida en el contenedor? Estaba recogiendo material reciclable para venderlo cuando de repente comenzaron a llegar aficionados de las dos selecciones. Éstos, por su parte, no tenían ni idea de que había alguien en el interior y siguieron haciendo algo loable: tirar la basura al contenedor. De hecho, en cuanto el ambiente se calmó ella salió y recogió el saco lleno de botellas.

¿Acaso no hay en España quien vive exactamente de lo mismo? Podemos debatir durante horas sobre la dignidad humana y la responsabilidad que los gobiernos tienen de favorecer la igualdad, estoy de acuerdo, pero nada justifica la desinformación. Brasil tiene muchos problemas graves y reales, entre ellos precisamente la pobreza y la desigualdad. No es necesario recurrir a imágenes sacadas de contexto para denunciarlos.

Por su parte, el autor de la fotografía, que incluso fue acusado de montaje, dijo en su momento (la imagen fue tomada el 19 de junio de 2013) sentirse orgullo de poder mostrar al mundo el «fuerte abismo» que existe en Brasil. «Mucha gente está viendo esta fotografía, mi responsabilidad aumenta y el amor por mi profesión también», explicó. (Abajo, traducción de su relato).

El periodista que usó los problemas de Brasil para vender su documental

Este caso tiene ciertas semejanzas (la de quien descontextualiza, no me refiero al fotógrafo) al del periodista danés que recientemente acusó a Brasil de matar a niños para limpiar las calles de pobres y ofrecer una imagen mejor del país. El «freelance’ se olvidó de la deontología periodística con el fin de promocionar un documental que estaba gravando aprovechando su estancia en el país. ¿Acaso todo vale para conseguir audiencia?, me pregunto.

UN DÍA PARA NO OLVIDAR, la historia de Edimar Soares en O Povo

«Miércoles (19-6-2013), día de partido entre Brasil y México y de una manifestación por un Brasil mejor en las inmediaciones del Arena Castelão. Mi función era seguir el recorrido del reportero Lucas Catrib como un seguidor normal, observando los puntos positivos y negativos como la movilidad,la seguridad y la organización del evento hasta su entrada en el estadio. Salimos del Centro de Eventos de Ceará, cogimos un autobús hasta la avenida Paulino Rocha y después terminamos el camino a pie, junto con miles de aficionados, rumbo al estadio.

Cuando llegué al Centro de Eventos tuvo una grata sorpresa, encontré a un primo que no veía hacía 16 años y una cola de autobús casi tan grande como el número de personas que tenían que subir en él. Nos saludamos, abrazamos y tomamos una foto, me despedí y comencé a trabajar. No tardamos en entrar al autobús. La cola avanzó rápido, hicimos un recorrido que yo nunca había hecho, calles estrechas fueron apareciendo delante de mí y pregunté que camino era ese. Alguien respondió: «Es para no tener que pasar por el medio de la manifestación». En ese momento, me di cuenta de que mis colegas ya estaban en el campo. En campo de batalla, según supe después. Confieso que me dieron ganas de estar allí con ellos en lugar de ir a ver el partido, un plan mucho más ‘leve’. No es que quisiese que una bomba de gas estallase cerca de mi o ser víctima de una bala de goma. Mucho menos ser alcanzado por una piedra o algo parecido. Me gustaría estar allí por patriotismo y amistad. Quería ser testigo de un acto que debía ser pacífico y quién sabe si el comienzo de grandes cambios.

Sin embargo, ese no era mi plan, entonces hice lo que de costumbre: intentar hacer el mejor trabajo estuviese donde estuviese. Bajo un sol quemador, acompañamos a los seguidores desde el inicio de la avenida hasta el Castelão. Felices, sonrientes, con susamigos y familias, bebiendo y comiendo, oyendo músicas de bandas de forró, que pusieron en el pasillo que daba acceso al estadio. Fotografié todo lo que creía que podía acabar siendo una buena foto, incluso el reportero se llevó un book.

Al final del camino paramos para beber agua y limpiarnos el sudor. En ese momento, vi a una mujer dentro de un pequeño contenedor de basura, todos colocados y sujetos con lonas y barras de metal como si fuesen para meter gol. Con las latas, las botellas y el resto de la comida, ella estaba allí dentro separando basura para reciclar. Como era un contenedor alto, la gente no conseguiría verla a no ser que estuviesen al lado. Ella, por su parte, no estaba preocupada con los objetos que le caían del cielo. Lo más importante era llenar los sacos antes que los agentes de seguridad llegasen. Estuve allí unos minutos y fotografié un poco de todo lo que estaban tirando. Esperé a que ella saliera y con la facilidad de quien ya había entrado, salió y tiró el saco lleno de latas y botellas fuera del pasillo verde y amarillo y se marchó.

Esa imagen fue publicada en las redes sociales y tomó dimensiones increíbles. Varias páginas y blogs la publicaron, miles de personas la compartieron. Generó una polémica por la veracidady la fuerza de la imagen y por el incorformismo de la gente, por la diferencia social que asola nuestro país.

No existe montaje, no cambié la posición del sol, no le di dinero a ella. Apenas registré lo que estaba sucediendo que, con esa foto, ganó un poco de visibilidad. Varias personas me mandaron mensajes positivos como también recibí comentarios absurdos. No quiero 15 minutos de fama, quiero un Brasil mejor, más justo y con grandes manifestaciones pacíficas».



Comments

comments