El sistema de voto electrónico utilizado por Brasil está considerado como uno de los más rápidos y seguros del mundo. Sin embargo, después de que se consumara la victoria de Dilma Rousseff (54.501.118 votos) sobre Aécio Neves (51.041.155) en las elecciones presidenciales de octubre de 2014 las sospechas sobre posibles errores que podrían haber provocado la derrota del candidato tucano, no hacen más que incrementarse.




Y es que una diferencia reducida de menos de tres millones y medio de sufragios en un país de 200 millones de habitantes alimenta las teorías que unos consideran conspiratorias y otros totalmente fundamentadas.

El propio Tribunal Superior Electoral brasileño ha reconocido que las máquinas utilizadas para el registro de votos no son fiables al 100% y pueden sufrir manipulaciones. Aunque el organismo ha tratado de justificar sus esfuerzos para disuadir a los posibles infractores, lo cierto es que no ha conseguido despejar las dudas de que efectivamente, los datos hayan podido ser manipulados.

“Lo que la Justicia Electoral ha intentado es imponer al eventual atacante una sucesión muy numerosa de barreras, haciendo más costoso el esfuerzo de atacar que el posible beneficio que puede provocar el fraude. Estas barreras no siempre impiden el fraude pero son concebidas de tal forma que el invasor o atacante en su intento, con gran margen de seguridad, deje su marca permitiendo la posterior idenficicación del autor, su localización y el instante en el que se produjo la acción”, afirmó Giuseppe Janino, secretario de Tecnología de la Información del Tribunal Superior Electoral al portal UOL.

Ante la difusión de vídeos y alertas sobre la facilidad para ‘hackear’ el sistema el PSDB, partido al que pertenece Aécio Neves, ha solicitado una auditoría para tranquilizar a sus electores, quienes han mostrado su indignación en las redes sociales desde que se produjera la reelección de la presidenta Rousseff. Lo curioso es que el partido no pide un recuento de votos sino la creación de una comisión en la que estén presentes todas las formaciones políticas y se investigue el sistema electoral en general.

Mientras tanto, los detractores de la presidenta se manifiestas en las calles de las capitales brasileñas pidiendo el ‘impeachment’ e incluso la intervención de la fuerza militar.

Dilma Rousseff, por su parte, descansa en Bahía después de una agotadora campaña electoral tras la que prometió realizar una regeneración política en la haya unanimidad de todas las partes implicadas. Por otro lado, los mercados y las agencias de calificación como Standard & Poors presionan para que el gobierno emprenda un reajuste económico que afecte lo menos posible a las garantías sociales.



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