En una de mis estancias cortas en Río de Janeiro me alojé en una casa que me impresionó nada más cruzar la puerta. Se llama Beludi y está situada en el barrio de Cosme Velho, muy cerca del Cristo del Corcovado.





Al principio dudé de la zona porque no había pisado por allí antes salvo para ir en furgoneta al monumento más famoso de la ciudad. Sin embargo, cuando llegué me di cuenta de que las calles de alrededor eran tranquilas y tenían bastante seguridad.

Debería haber hecho el ‘check in’ por el día pero se me complicó el viaje desde Arraial do Cabo y al final llegué por la noche. En un primer momento lo que más me impresionó fue la habitación… ¡gigante! Estaba perfectamente adecuada para recibir a unas cuatro personas como mínimo. Más que una habitación era un apartamento dentro de la casa. Una cosa de locos. ¡Impresionante!

Cuarto de baño en Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

Cuarto de baño en Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

 

Nada más entrar, a la derecha, el cuarto de baño. Indescriptible. Me quedé absolutamente sin palabras. No solo por las dimensiones sino por la composición y la decoración. Tenía ducha, jacuzzi, lavabo doble e incluso dos albornoces colgados de una original percha. Al lado, un cuadro y varias flores secas que todavía desprendían un agradable olor. Pensé: «¿¡Qué hago yo aquí sola!?». Y eso fue nada más echarle un vistazo al baño…

Terraza de la habitación B en Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

Terraza de la habitación B en Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

 

Cuando continué explorando cuál iba a ser mi hogar aquél día, quise fustigarme duramente por estar sola. ¡Qué tristeza! La habitación (insisto, más bien era un apartamento pero sin cocina), tenía otra estancia con dos camas individuales y una terraza absolutamente acogedora desde la que se podía escuchar el sonido de una catarata increíble que estaba al lado del jardín. «Sshhh, sshh, shhh…» ¡Muy agradable!

Me di una ducha y me quedé allí tirada en el sofá, al aire libre, intentando convencer a alguna de mis amistades cariocas para que compartiera conmigo aquél lugar maravilloso. No pudo ser. ¡Pena infinita! Esta casa, que es un hogar porque te acoge como si fuera tuyo, es para compartirla. Puedes ir solo si tu objetivo es relajarte y disfrutar de los placeres de la vida de forma independiente. No problem. Pero según mi visión de la realidad, este paraíso se aprovecha mejor junto, por lo menos, a otra persona.

Columpio en una de las salas de la Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

Columpio en una de las salas de la Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

 

Descansé como hacía tiempo que no lo hacía. No sé si por el sonido de la catarata o por la comodidad de la cama. El caso es que me levanté renovadísima y con un montón de creatividad. Bajé a hacer fotos del resto de la casa. «¿Pero esto qué es?», pensé. Como llegué por la noche no me paré a revisar todos los rincones. Con la luz de la mañana pude comprobar que lo de la habitación había sido solo el comienzo.

El piso de abajo se dividía en otras tres estancias, todas abiertas a la luz. La principal destacaba por la presencia de un columpio enorme que es, bajo mi punto de vista, el elemento decorativo que da sentido al resto de la casa. Original, diferente, atrevido y divertido. Me encantó columpiarme al lado de las mascotas, dos gatos y un perro que solo dejaban de dormir para limpiarse unos a otros. ¡Encantadores!

Detalle de una de las salas de la Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

Detalle de una de las salas de la Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

 

Pero había mucho más: un salón enorme, con varios sofás y almohadones dispuestos para descansar libremente, junto a varios cuadros sencillos, algunos únicamente apoyados en el suelo… ¡STYLE! También me llamaron la atención las butacas de mimbre, una de ellas muy original, con un inmenso respaldo, estaba situada en un rincón de aquella estancia. Sencillamente, genial.

Por otro lado había una mesa de madera grandísima donde los inquilinos toman un desayuno creativo y súper sabroso. Disfruté del zumo de sandía natural con limón como de ningún otro de los zumos que he probado en Brasil, y han sido muchos. ¡Mérito de cocina! Como la tostada con revuelto de huevo cubierta de queso, el pastel (diría que era de coco, pero no pregunté), los panes, algunos de ellos integrales (rarísimo de ver) y la papaya con granola que viene a ser como el muesli, pero más tierno y natural.

Mini bar en la Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

Mini bar en la Casa Beludi. Foto: Virtudes Sánchez

 

Además de los dos jardines que rodean el edificio y en uno de los cuales se encuentra una cascada cuyo sonido es la banda sonora relajante de la casa, hay una pequeña sala que viene a ser un mini bar original en el que destaca la presencia de una nevera roja y varias botellas de diferentes licores rodeadas de elementos decorativos de diverso origen y significado.

Intentar descubrir la procedencia de cada uno de los detalles dispuestos a lo largo de la casa me hubiera llevado por lo menos un mes. Pero algunos libros daban pistas: decoración escandinava mezclada con fútbol brasileño. «¿Ein?» Pues sí.

Adir, uno de los dueños de esta belleza de casa, es tan apasionado de los viajes, como de la decoración y del carnaval. Encontré en esta mezcla de aficiones cierto sentido a los motivos que rodean el hogar. Porque una casa sin ritmo y sintonía, no tiene gracia.

En esta encontrarás, además de una estancia agradable y un desayuno magnífico, la belleza de una ornamentación fabulosa. Te picará la curiosas y querrás saber más y disfrutar de cada rincón y al final.. ¡No querrás salir! Me pasó lo mismo… 🙂

MÁS FOTOS: Casa Beludi, un B&B acogedor cargado de detalles originales

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