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Me encanta Brasil. Siempre digo que es un país menos peligroso de lo que cuentan los medios de comunicación. No hay que tener miedo a visitarlo.





La última vez lo he hecho sola. 21 días recorriendo varias ciudades con mis maletas, mi ordenador, mi cámara de fotos, dos teléfonos (uno de repuesto por si me atracaban) y ¡siempre cargando con ellos! ¡ERROR! Lo hice porque no tenía más remedio, pero en lo posible, es conveniente no moverse por ahí como si estuvieras paseando por el barrio de Salamanca o los Campos Elíseos.




Después de salir airosa de alguna que otra situación complicada en este extraño y al mismo tiempo maravilloso y reconfortante viaje, he decidido hacer un breve listado de pequeñas imprudencias que podrían arruinar tu estancia en este país maravilloso. Alguna se me escapará, seguro 😉

1. No camines solo por la calle si alguien conocido está dispuesto a acompañarte

Esto no significa que no puedas andar y descubrir las ciudades en solitario. Yo lo he hecho y no me ha pasado nada, pero tengo que reconocer que en más de una ocasión he tenido un raro sentimiento de inseguridad que unas veces consideré fruto de las relajadas costumbres europeas y otras resultado de miradas indiscretas dirigidas hacia mi o acercamientos algo más que incómodos (pivetes intimidándome por la calle, etc).

Sin contar las dos veces que me persiguieron… En general, solo sí, pero mejor con alguien. Si eres mujer, ir con un hombre te dará seguridad. Puede sonar machista, pero es así.

Yo, imprudente, caminando con un bolso grande y llamativo por el centro de Río de Janeiro (iba con cariocas). Foto: Virtudes Sánchez

Yo, imprudente, caminando con un bolso grande y llamativo por el centro de Río de Janeiro (iba con cariocas). Foto: Virtudes Sánchez

 

 

2. No lleves bolsos grandes y llamativos (excepto los típicos playeros) en zonas turísticas como Copacabana o Ipanema en Río de Janeiro

Los ladrones se acumulan en las zonas donde hay más extranjeros y estos detalles les servirán para identificar que eres de fuera. Los brasileños saben lo que tienen que hacer y cómo deben vestir en cada lugar, tú probablemente no lo tengas tan claro.

3. Ten mucho cuidado si vas a sacar o cambiar dinero a un banco o a un centro tipo Western Union

En los aeropuertos estarás más protegido, pero en las entidades que se encuentran en el centro la ciudad podría haber alguien vigilando tus movimientos. Esto no es un guión de película ni yo una exagerada o miedosa, no… ¡pasa!

4. Nunca jamás exhibas joyas, relojes o complementos caros (salvo restaurantes o discotecas de cierto nivel)

Ten cuidado con las tarjetas que usas para pagar, incluso en los hoteles. Si son muy exclusivas llamarás la atención. A veces existe todo un grupo organizado que empieza por los gerentes o trabajadores de los establecimientos, pasa por los taxistas y termina con los ladrones y secuestradores. Cada uno se lleva una comisión. No es lo más común que te puede pasar, pero tampoco lo descartes.

5. No vayas haciendo fotografías por todos lados como si fueras un japonés

En algunos sitios no tendrás problema. De los que yo conozco, puedes estar tranquilo en lugares como Morro de São Paulo, Itacaré, Búzios o Arraial do Cabo. La recomendación general es fotografiar, sí, pero guardar tu cámara rápida y discretamente. No la exhibas como si fuera un trofeo porque nunca sabes donde está el ladrón.

Ambiente en las inmediaciones de la playa do Farol en Salvador de Bahía. Foto: Virtudes Sánchez

Ambiente en las inmediaciones de la playa do Farol en Salvador de Bahía. Foto: Virtudes Sánchez

 

6 No confíes en todas las recomendaciones que te den en hoteles y posadas

Jamás pensé que no debería fiarme de las orientaciones de los recepcionistas y al final descubrí que lo mejor es escuchar sus consejos, pero actuar con sentido común.

Por muy tranquila y turística que sea la ciudad, si eres extranjero, y más mujer, alguien podría ir detrás de ti con cualquier tipo de intenciones. No solo se producen robos en Brasil, también hay violaciones. Evita caminar sola por calles oscuras, sobre todo cuando no hay nadie paseando por la zona.

Al contrario, lo mismo. Un ejemplo: en el Hotel Sol Express Barra de Salvador de Bahía me recomendaron no llevar mi cámara a la orla de la playa do Farol. Estoy segura de que lo hicieron por mi bien, pero después me arrepentí de haberla dejado en la habitación. En aquél sitio la hubiera sacado sin problema.

7. Asegúrate de que los guías son de confianza, sobre todo si vas a hacer una ‘trilha’ (paseo por la selva)

Trata de hablar con otros viajeros que hayan tenido buenas experiencias. Algunos se hacen pasar por expertos (a veces tienen carnets acreditados) y aprovechan para robar. Estuve a punto de meterme entre los matorrales de las paradisíacas playas de Itacaré (Bahía) con un supuesto guía que después supe que había estado en la cárcel por atacar a varios turistas. Precaución.

8. No hagas mucho caso a los vendedores de ‘souvenirs’ en ciudades como Salvador de Bahía

Es común vender recuerdos, como las famosas ‘fitas do Bonfim’ para señalar e identificar a los turistas. Otros delincuentes podrían aprovechar que saben que eres extranjero y robarte. Ojo con esto.

9. Si te mueves en transporte público, asegúrate de cómo llegarás hasta tu lugar de destino

En algunos sitios pequeños podrías tener dificultades para encontrar taxi y aún encontrándolo, el conductor necesitará saber no solo el nombre de la calle a donde te diriges sino también el del condominio (recinto cerrado de casas, parecido a una urbanización) o algún lugar cercano que les sirva de referencia.

En sitios tan famosos y organizados como Barra da Tijuca, en Rio de Janeiro, podrías estar dando vueltas durante horas si no ayudas al taxista a llegar a su destino. Olvídate del GPS y de la numeración organizada. ¡Es una locura!

10. No hagas experimentos

Yo fui en autobús del aeropuerto de Galeão hasta el barrio de São Conrado con la idea de coger un taxi allí que me llevara a la calle donde estaba la Casa Verde, el bed and breakfast donde me alojaría. Acabé sola con todo mi equipaje enfrente de la favela Rocinha.

Llovía a cántaros, la gente corría de un lado para otro. Conseguí encontrar un taxi. Cuando me subí y le dije donde iba, el conductor me mintió y me pidió que me bajara porque supuestamente no conocía la zona. Me enfadé y seguí esperando. La historia se repitió ¡tres veces! Con las maletas dentro del coche, era pronunciar el nombre de la calle y pedirme que me bajara.

Taxis en Río de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

Taxis en Río de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

Llegué a la conclusión de que la carrera era demasiado corta y no les compensaba desviarse. Ni pena ni compasión ni nada por el estilo. Con el último perdí los nervios. Le había ofrecido pagarle lo que me dijera. ¡Estaba desesperada! Aún así no quiso y le grité que era un sinvergüenza. Poco le importó… Consejo: si vas a Río de Janeiro y no quieres arruinarte al salir del aeropuerto, puedes coger el autobús. Es muy seguro. Bájate en Copacabana o Ipanema. Por allí hay muchos más taxis y no te quedarás en una zona inhóspita y peligrosa.

11. Mirar mucho los mapas o preguntar en exceso por la calle te puede traer problemas

Si hay gente mala alrededor, no dudes de que te identificarán como turista y tratarán de sacar provecho… Es mejor entrar en una tienda para pedir una información, que parar a la gente repetidas veces. Puedes hacerlo, pero con control.

12. Pasear desorientado y mirando al suelo es como llevar una pegatina en la cara que ponga ¡SOU GRINGO!

Los brasileños miran al frente, a veces a los ojos de quien tienen delante. Siempre están atentos de lo que pasa a su alrededor. Si tu no lo haces, serás el distinto… o sea ¡víctima fácil! Como en todos los países del mundo: cuida tus pertenencias.




13. Beber demasiado, fumar o tomar drogas con desconocidos no es precisamente una buena idea

Algunos tratarán de hacerte perder el sentido para aprovecharse de ti, ya sea sexual o económicamente. Pensar que cualquiera puede ser tu amigo sin conocerlo es una ingenuidad de extranjeros, no de brasileños.

14. No creas que todos los niños son monjitas de la caridad

Tampoco desconfíes sin motivo. Como dirían los propios brasileños “toma cuidado”, pero no seas excesivamente caritativo con personas que tal vez no buscan tu generosidad y sí tu cartera o tus aparatos electrónicos.

15. Allá donde fueres, haz lo que vieres

Viste como un local. No utilices ropas que no son muy comunes. Por ejemplo, ir arreglada por la orla de Copacabana por la noche y empezar a hacer fotos con emoción no es una buena idea. Nadie va con esas pintas por un lugar como ese y menos con esa actitud. Por mucho que haya gente alrededor, no estás libre de que alguien te pegue un tirón del bolso.

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