Me ha pasado más de una vez. Por confiada. “Hola Virtudes, ¡qué bueno que te guste tanto Brasil! Nos encantaría que trabajaras con nosotros”. Ummm… la primera vez que me dijeron algo así fue en el año 2011, dentro de la comunidad de brasileños en Madrid.

Acababa de terminar mi tesina sobre el tratamiento informativo de las candidaturas de Rio de Janeiro y Madrid para los Juegos Olímpicos de 2016 en O Globo y El País, los periódicos más vendidos de las dos ciudades.



Público en el Brazilian Day celebrado en Madrid en 2011.

Público en el Brazilian Day celebrado en Madrid.

Mientras buscaba un trabajo para volver a una redacción, lugar del que nunca debí haber salido, un tipo llamado Frazão Araújo, que en aquél momento era el responsable de la revista Brazil com Z, me comió la cabeza, literalmente, para que les ayudase a organizar el primer Festival Brazilian Day en España.

Sonaba bien. Yo tendría que encargarme de escribir las notas de prensa, llamar a los medios, convencer a los periodistas para que diesen cobertura al evento… en fin, lo típico en estos casos.

Acordamos una cantidad que me pagaría al acabar aquél mes de septiembre. Después me iría a Londres a mejorar mi inglés. Lo que sucedió al final fue otra cosa.

Trabajé para ellos, hice mil llamadas que jamás nadie me recompensó, escribí decenas de artículos, me desplacé a todas las reuniones a las que se me invitaba, etc. Mientras, seguía buscando trabajo dentro de mi profesión, como es obvio. Y resulta que lo encontré.

Comenzaría a trabajar en Lainformacion.com en el mes de octubre. Antes tenía que liquidar esta extraña historia que me sirvió, por lo menos, para conocer a un montón de gente interesante como el majísimo Léo Baptistão que estaba despuntando en el Rayo Vallecano en aquélla época.

En el cartel, entre otros, la Banda Cheiro de Amor, una de las más famosas del Carnaval de Brasil. ¡Cómo iba yo a dudar ante eso!




También actuaría un grupo que he admirado muchísimo durante mi juventud, La Excepción, el Langui y el Gitano Antón. ¡Menudos cracks! El día que iba a celebrarse el concierto recibí una llamada: “Oh Virtudes, ha ocurrido una desgracia, no sabemos si va ha haber ‘show’ porque nos han robado la recaudación del concierto de Lisboa”. Pensé: “Algo raro hay aquí”. Y tan raro…

Al final se celebró el concierto con una organización pésima que impidió, entre otras cosas, que hubiera espacio VIP o seguridad.

La gente, que llenaba el aforo, estaba agolpada en un parque del barrio de Aluche comprando bebida en una tienda de chinos haciendo gasto cero en los puestos ubicados alrededor y que vendían algunos productos brasileños como los típicos pasteles fritos.

Aline Rosa, entonces cantante de Cheiro de Amor, e

Aline Rosa, entonces cantante de Cheiro de Amor.

 

Económicamente no era difícil suponer que sería un fracaso, pero yo subí al escenario y dije: “¡Wow! Por haber sido capaces de reunir a toda esta gente ha merecido la pena”. Satisfacción por un trabajo bien hecho, al menos por mi parte.

Mientras tanto, el mánager de La Excepción, Arturo, que quería pegar a aquél personaje llamado Frazão Araújo, me preguntaba: “¿Pero tú de que conoces a esta gentuza?” Yo no podía evitar reírme. Y es que me preguntaba lo mismo… “¿Qué hago yo relacionándome con esta gente?”

Errores de principiante. ¡Me la colaron! Jamás me pagaron ni un solo céntimo.

El tipo y su mujer, Susy, cogieron un avión a Brasil y dejaron con el culo al aire a todo el mundo, incluso a los obreros que se habían encargado de colocar las vallas… ¡muy cutre! Por cierto, a las chicas, las azafatas que repartían camisetas, por lo menos a una que también trabajaba para Brazil com Z, sí les pagaron. ¿Por qué será? (pregunta retórica).

Lo que sí hicieron antes de irse fue cerrar el traspaso de la revista. Se la vendieron, cedieron… desconozco exactamente los términos del acuerdo, a Renata Barbalho, que es la actual directora. Ella, dueña también de una empresa de documentación, podría utilizarla para dar publicidad a su negocio. ¡Muy lista!

Fui a su despacho a pedirle explicaciones. “Si este señor me ha dejado a deber dinero y tú le has comprado la revista, ¿algo sabrás de él?”, le dije. “Oh, no, no, Virtudes, yo no tengo nada que ver con esto”.

Se negó a darme cualquier contacto y con aquélla sonrisa cargada de falsedad se deshizo de mí lo más rápido que pudo. A pesar de todo seguí teniendo relación con ella. Nos encontramos en algunos eventos, etc, etc… Había asumido por completo que ese dinero jamás lo verían mis ojos. Vale… lección primera superada.

Uno de los artículos que escribía el pastor Sergio A. de Oliveira en Brasil Vox.

Uno de los artículos que escribía el pastor Sergio A. de Oliveira en Brasil Vox.

Año 2014.  Por casualidades de la vida conozco a un señor llamado Sergio A. de Oliveira. Era pastor en una iglesia evangélica llamada ‘Comunidad evangélica internacional de Madrid’ que él mismo había creado tras su paso por Inglaterra.

“Qué curioso, tu blog tiene mucho que ver con un proyecto que estamos poniendo en marcha. ¿Conoces la revista Brasil Vox? La acabamos de crear y ahora, que ya conseguimos que se financie por sí misma, queremos hacer una página web y hemos pensado en ti para los contenidos”, me dijo.

Me reuní con él varias veces. Era la típica persona que tiene mucha labia, tranquila, educada, correcta, aparentemente formal…

Supe que un conocido brasileño formaba parte de esta iglesia. Le pregunté: “¿Este tío es de fiar? ¿Tú crees que me pagará lo que se comprometa a pagarme?”. “Sí, claro. ¡Es el pastor!”. Ohhh Dios mío, claro… ¡el pastor! ¿Cómo podía yo dudar de semejante cargo? 😀

Bueno, después de muchísimos interrogantes, cosas que no me convencían nada y propuestas de trabajo exageradas que era absolutamente imposible cumplir (los detalles me los ahorro porque si no mis compañeros periodistas se echarían las manos a la cabeza y no es plan ahondar en la depresión del colectivo), llegamos a un acuerdo de mínimos.

Y cuando digo mínimos es mínimos, mínimos. Yo les ayudaría con los contenidos, si es que se pueden llamar así, y ellos me recompensarían con una cantidad ridícula de la que después de varios meses recibí menos de la mitad.

El pastor desapareció misteriosamente. “¡Pero otra vez! ¡No puede ser!” ¡Yes! Me la colaron exactamente igual que la anterior. Sergio A. de Oliveria cerró el chiringuito que se había montado a costa del diezmo y las propinas de sus casi mil fieles (¡mil!)

Se marchó dejando deudas con una gran parte de ellos según me han dicho algunos que todavía siguen en la iglesia que sustituyó la anterior y que se llama La Vid.

Desde entonces hasta hoy ha pasado más de un año. Insistió en que la vida lo había tratado muy mal y con un diálogo de pena y abatimiento me remitía constantemente al nuevo encargado de la revista Brasil Vox, Manoel Silva.

“Él se ha comprometido a hacerse cargo de todos los gastos que han quedado pendientes antes de mi marcha a Brasil. Tendrás que hablar con él y él te pagará”, me dijo como treinta veces.

Me reuní e inclusó asesoré y di ideas a este nuevo encargado de la revista (que por cierto, a cualquiera de las dos la palabra revista les viene muy grande bajo mi punto de vista humilde periodístico. Revista es Jot Down Magazine, Kaiser Football, Forbes, Time ¡eso son revistas!).




El resultado: “Sí, sí, te voy a pagar pero ahora no estoy en condiciones económicas para hacerlo. Tienes que esperar”. Y llevo más de un año esperando habiendo tenido incluso que tragarme las amenazas de la directora de Brazil com Z que me dijo (escribió, vía Facebook): “Si trabajas para esa gente nunca escribirás para nosotros”. ¿Pero quién te ha dicho que yo aceptaría una cosa semejante? Madre mía…

bcz

Luchas internas, envidias, engaños… un postureo insoportable, gente de la que se aprovechan por dos detalles: compartir nacionalidad y tener un poquito más de formación. ¡Qué pena!

Al fin y al cabo yo, a través de este blog, puedo denunciar algunas injusticias que se producen a mi alrededor, pero cada vez que veo cómo algunos brasileños humildes y trabajadores son engañados por estos listillos que se presentan como dioses porque su foto aparece en la primera página de un panfleto, me dan ganas de vomitar.

Y es que para esta gente el “gratis no trabajo” no existe porque trabajar para ellos ¡debería ser un honor! ¿Pero en qué mundo vivís?

El pastor, vendiendo libros en Curitiba

Casi se me olvidaba. En uno de mis rastreos para localizar al famoso y admirado pastor de la iglesia evangélica, que por cierto, debe dinero incluso a la Casa do Brasil, descubrí que está en Curitiba con su respetable familia vendiendo libros de religión.

Evangelizando, dando clases de moral… ¡lo que me faltaba por ver! Le escribí a su fanpage (porque tiene página de fans en Facebook) y en la segunda respuesta me bloqueó. No pongo el link porque ni me aparece. Sergio A. de Oliveira, pastor y encantador de serpientes profesional. ¡Ojo!

¡¡¡¡¡ÚLTIMA INFORMACIÓN!!!!!

El pastor Sergio A. de Oliveira y su mujer, 'jefes' de la Revista Conecte.

El pastor Sergio A. de Oliveira y su mujer, ‘jefes’ de la Revista Conecte.

Días después de publicar este artículo, que ha tenido muchísima más repercusión de la que jamás pudiera haber imaginado, una seguidora del blog me escribió para darme más datos. El pastor Sergio A. de Oliveira repite la jugada fuera de España. Ha creado la Revista Conecte, que refleja una dirección de Curitiba.

La estrategia es la misma: utilizar estas páginas para atraer fieles y convencerlos de que él es el guía espiritual correcto, utilizar sus dotes para la manipulación mental con el objetivo de repetir el golpe. Sembrar para recoger y nunca mejor dicho…

Al parecer, aunque esto no lo he podido confirmar, él se encuentra en Portugal con su mujer y su hija poniendo en marcha la iglesia Comunidad Evangélica Internacional (CEI), la misma que había creado en Madrid.

NO TE PIERDAS:

O engano que veio com o Brazilian Day em Madri



Comments

comments