Estaba concentradísima en mi tesis. Había dicho: “No, no voy a tocar el blog aunque me muera de ganas”. Pero no lo he conseguido. Es tan grande mi sensación de frustración que he tenido que venir aquí a contarlo. Llevo algunos años siguiendo a diario la actualidad de Brasil, leyendo infinidad de noticias, unas veces buenas y la mayoría malas.




Cuando nació Brasil, Más Que Fútbol, la filosofía era resaltar lo positivo porque para contar lo negativo ya estaban los medios tradicionales, que tienen más recursos que yo y más ganas de aprovechar la sangre para vender. Sin embargo, estos días he visto tanta fatalidad que estoy en ‘shock’.

“La violencia está asimilada por la gente”, me dice un seguidor en Twitter. ¡¿Pero cómo puede ser?! Qué ocurran desgracias muy a menudo no significa que el daño sea menor y mucho menos lo convierte en admisible. El pan de cada día en América Latina. Perfecto. Me podrán acusar de tener una visión ‘eurocéntrica’ de la realidad, pero eso no me impedirá interpretar la violencia y la muerte como lo que en realidad son: VIOLENCIA y MUERTE.

La semana comenzó con el asesinato en Salvador de Bahía de un turista español que acababa de llegar a la ciudad. Hugo Calavia tenía 36 años y salía de un restaurante en el barrio de Itapuã, conocido internacionalmente, entre otras cosas, por la maravillosa canción de Vinícius de Moraes y Toquinho.

Fue en ese escenario donde dos jóvenes lo asaltaron en el coche que había alquilado junto a un amigo, también español, que llevaba siete meses viviendo en la capital bahiana. Después de algunas horas, la Policía asegura que ha identificado a los sospechosos del crimen y divulga sus nombres: Ivo Pereira Barreto,  ‘Lequinho’ y João Paulo dos Santos de Jesús da Silva, ‘Sardinha’, ambos con un amplio historial delictivo.

Perfil de Facebook de Hugo Calavia.

Perfil de Facebook de Hugo Calavia.

Los sospechosos, escondidos, presionan a los que presuntamente son los verdaderos autores del homicidio. Inmediatamente, uno de ellos se entrega en la comisaría y confiesa que fue el autor de los disparos. Se trata de un adolescente de 16 años que, según el actual código penal de Brasil, no podrá ir a la cárcel. Su peor condena será acabar internado en un reformatorio. Horas después, aparece el segundo presunto homicida, un joven de 18 años.

Este y otros tantos crímenes que se cometen en Brasil a diario encienden el debate sobre una reforma penal que está siendo estudiada en el Parlamento y que es conocida en la calle como ‘redução da maioridade penal’. De aprobarse, los menores de edad, en principio a partir de los 16 años, podrían entrar en prisión.

Existe una corriente a favor y otra en contra y no está claro que finalmente esta norma salga adelante. La falta de cifras reales que sirvan para estudiar si realmente son muchos o pocos lo menores criminales hace más difícil aún tomar una partida razonada. 

La bailarina brutalmente asesinada

La bailarina Amanda Bueno, famosa por pertenecer al grupo 'Jaula das Gostozudas. Foto: Facebook'.

La bailarina Amanda Bueno, famosa por pertenecer al grupo ‘Jaula das Gostozudas. Foto: Facebook’.

Había leído algo rápidamente en la prensa brasileña. Me sorprendió lo ‘justito’. Incluso mi mente está haciéndose menos vulnerable a la brutalidad. Una bailarina de ‘funk’ asesinada por su marido en el jardín de la casa donde ambos vivían. “Vale, otra noticia que no voy a incluir en mi breve sección de sucesos”, pensé. “¿De qué me va a servir? Ya lo pondrán en la tele, si acaso…”.

Y esa era la idea hasta que recibí por WhatsApp un vídeo del momento en el que el hombre agarra por los pelos a la mujer y le golpea la cabeza en el suelo con una fuerza descomunal. En el tercer golpe paré el vídeo. ¡No podía ver más! No contento con eso, el asesino le pegó varios tiros en la cabeza dejando a Amanda Bueno, que así se llamaba, totalmente desfigurada.




Un caso más de la violencia doméstica extrema que sacude Brasil y que deja datos para reflexionar. Según un estudio reciente del Instituto Avon y Data Popular, tres de cada cinco mujeres afirman haber sido víctimas de algún tipo de violencia de género. De hecho, en 2012 una investigación coordinada por el sociólogo Julio Jacobo Waiselfisz colocó a Brasil en el séptimo puesto del ránking mundial en homicidios de este tipo por detrás de países como Marruecos y Arabia Saudí. Este mismo estudio determinó que el número de víctimas por violencia doméstica se triplicó en 30 años con 4.297 víctimas registradas en 2012.

Un niño hispano-brasileño, tiroteado cuando iba al colegio

Al día siguiente leo otra pésima noticia. Un niño de 11 años, hijo de brasileño y española, fue tiroteado en su camino a la escuela en Goiânia cuando unos asaltantes le pidieron el teléfono móvil. Como no tenía, los ladrones respondieron disparando. Por suerte, lo llevaron rápidamente al hospital y fue operado de urgencia. El padre, que no ha querido identificarse, ha asegurado que no se teme por su vida pero que aún así volverán a España, de donde salieron para escapar de la crisis.

Matanza de seguidores del Corinthians

Domingo. La jornada empieza como todas, leyendo la prensa. ‘Chacina na Pavilhão 9’ en São Paulo. Asesinato de ocho seguidores del Corinthians en una sede, algo parecido a una reunión en una peña. El encuentro prácticamente había terminado. Todos se habían ido salvo ellos. De repente llegan tres personas con armas de fuego cuyo uso está limitado a la Policía Federal y a las fuerzas armadas, les obligan a tumbarse, les disparan y se van. Se barajan varias hipótesis, entre ellas un ajuste de cuentas entre aficiones rivales y tráfico de drogas.

¿Pero qué pasa Brasil? ¿Todo esto es normal? ¡Me niego a creerlo! ¡ACORDA! Rebélate, protesta, reclama medios y soluciones, llena las calles y grita. ¡Di NOOO! No a la violencia, no a la muerte, no a la injusticia, no a la brutalidad, no a la inseguridad, no a la intranquilidad. Así no se puede vivir Brasil. En serio… 🙁

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