Cuando entré por primera vez en Tapioca todavía no era el restaurante ‘chill’, perfectamente decorado, lleno de rincones encantadores que destilan buen gusto y amor por lo cosmopolita.




Antes de transformarse en lo que hoy os vengo a presentar, era una pizzería situada en pleno corazón de La Latina, frente al clásico mercado de la Cebada. “¿Y qué haces tú en una pizzería en La Latina?”, os preguntaréis. Para quien no conozca esta zona, es uno de los lugares más concurridos y maravillosos de Madrid.

Los domingos se llena de gente que empieza la jornada con el aperitivo y al final se despide de ella entre copas. Te lías, te lías y te lías y ahí sigues. Eso es La Latina. Un punto de encuentro de gente abierta a dejarse sorprender por las situaciones más surrealistas. ¡Me encanta!

Caipirinha frozen, especilidad del restaurante Tapioca.

Caipirinha frozen, especilidad del restaurante Tapioca.

El caso es que yo entré ahí y no me acuerdo muy bien ni cómo ni por qué ni con quién ni nada porque ya hace mucho tiempo. Cuatro, cinco, ¿seis años…? 🙂 Lo que no puedo olvidar es que la música ambiente era brasileña, si no recuerdo mal Vanessa da Mata.

Todavía me encontraba en aquélla época en la que perseguía a la gente que hablaba portugués para practicar lo que había aprendido en la Casa do Brasil. “¿Pero tú eres brasileño?”, le pregunté al camarero, que era el dueño del local. “Sí, claro”, me contestó él, Nei, con esa sonrisa bahiana inconfundible. “¡Qué guay!”, dije yo. Y acabé chapurreando un poquito con todos los que allí trabajaban, que en aquella época eran en su mayoría brasileños.

A partir de entonces, ir a La Latina y no entrar a saludar era casi un pecado para mi. ¡Qué gente maja, por Dios! Hacía tiempo que no pasaba por allí y de repente un día pensé: “Voy a ver a estos chicos”.

Y cuando entro me encuentro un restaurante súper ‘fashion’, con varios sofás a la entrada que te permiten ver desde dentro todo lo que se cuece por ahí mientras disfrutas de una ‘caipirinha’ o de las típicas cañas y tapas españolas.

Porque la idea, según percibí rápidamente, es dar una vuelta de tuerca a los bares tradicionales de la zona. Innovar, ofrecer un lugar donde te encuentres a gusto independientemente de cuál sea tu plan. Además de tomar algo y picotear puedes cenar en alguna de las dos zonas dispuestas para ello. Una, más tradicional y otra más ‘chill out’, con sus almohadones, sus velitas, su ambiente delicado y agradable.. ¡Ay!

Cueva del restaurante Tapioca.

Cueva del restaurante Tapioca.

 

Por si fuera poco, también tienen una encantadora cueva en el piso de abajo. Allí se puede fumar una cachimba, tipo tetería, y degustar los sabrosos cócteles que preparan.

En breve habrá actuaciones en las que los ritmos brasileños se mezclarán con los más españoles (ya os iré informando).

Los precios son muy buenos y asequibles y la calidad de la comida, excelente. Los postres son una de sus especialidades. Mi recomendación es el ‘beijinho’, una mezcla de leche condensada con coco muy típica de Brasil. También tienen tartas de varios tipos como la Red Velvet o la de dulce de leche. ¡Madre mía! Lo difícil aquí es escoger. Eso sí, obligatorio es probar la ‘caipirinha frozen’, que tiene helado de limón por encima y le da un gusto diferente que no encontrarás en cualquier sitio.

El carisma, la humanidad, la alegría y el espíritu acogedor de Nei y Fabiana, los dueños del local, es básico y fundamental para que cualquiera se encuentre como en su casa en este rincón fabuloso donde puedes hacer amistades de lo más variopintas.

Entrada principal de Tapioca.

Entrada principal de Tapioca.

 

Una de las últimas veces que estuve allí, mientras me daban vueltas los ojitos disfrutando de una ‘coxinha’ brasileña (no todo lo que tienen es brasileño, ni mucho menos, los menús son variados e internacionales, pero yo soy clásica entre las clásicas y no puedo renunciar a esta delicia si me la ponen delante) apareció un grupo de chicos y chicas, todos españoles. Venían de celebrar una boda.

Dos de ellos se habían casado en el ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid y acabaron en Tapioca, a mi lado, comiendo y bebiendo mientras contaban las jugadas de ese día tan especial.

La chica que los había casado, amiga de ellos, estaba allí y empezó a explicar todos los detalles de un viaje que hizo a Brasil, a Fortaleza en concreto. Yo claro, puse la oreja rápidamente porque me interesaba.”¿Has ido sola a Brasil?”, le pregunté. Y empezamos a hablar, se sentó a mi lado, me contó su historia, lo bien que se lo había pasado, sus problemitas de seguridad, su cariño por el pueblo brasileño.

Me faltó llorar cuando dijo: “La Policía me atracó, pero bueno, son cosas que pasan. ¡Me encantaría volver!” 😀 Intercambiamos contactos, nos despedimos como si nos conociésemos de toda la vida… Porque en el fondo así es La Latina, así es Tapioca, así es la gente que se mueve por este lugar donde lo más extraño puede ocurrir para abrirte una amplia sonrisa de alegría y satisfacción.

MÁS FOTOS: Tapioca: caipirinhas, coxinhas, cañas y tapas en el centro de Madrid

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