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“Da igual si ya no estamos juntos, yo te amo”. ¿Os imagináis que esas palabras salieran de la boca de un español? Yo no. Y casos habrá, por supuesto. Líbrenme del ataque al generalismo y permítanme (por una vez) escribir un artículo costumbrista (oh, Larra, esto es ‘pipoca’ al lado de tus maravillosos trabajos).




¿Por qué sientes ‘saudade’ de Brasil?, me pregunto a mi misma. Y me respondo de forma alborotada, pero con una leve estructura. Como si estuviera en el diván de un psicólogo pero con la capacidad de raciocinio y estructuración de un ingeniero informático, por ejemplo… Y me auto susurro:

– La gente agradece.

– La gente sonríe por la calle.

– La gente es increíblemente acogedora.

– La gente tiene un carisma inigualable…

– La gente es sencilla y humilde (aquí no entran políticos y clases súper elitistas).

Y concluyo:

– La gente AMA.

Gente paseando por la Orla Bardot en Búzios, Río de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

Gente paseando por la Orla Bardot en Búzios, Río de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

Así es. LA GENTE AMA. Reflexiono sobre este punto. ¿Cómo puedo creer que los brasileños aman más si “oh my good!”… la infidelidad, que ellos llaman “traição” (traducido al español es mucho más grave, casi imperdonable) es el pan nuestro de cada día?

-“Eso no es lo más importante”, continúo divagando.

-“¿Y qué es lo importante entonces?”, vuelvo a auto preguntarme.

-“Que los brasileños aman en el sentido más amplio de la palabra”.

– Sí, definitivamente. Porque no es una cuestión amorosa, strictu sensu. Es mucho más grande, más general, más humano, más espiritual al fin y al cabo…

Ellos son más cercanos, huelen el dolor, la necesidad de cariño, la dificultad del otro, la soledad tal vez, la diferencia quizá. Y como agradecen, valoran lo que alguien les aporta o les ha aportado en algún momento. Y entonces se acercan, se aproximan, ofrecen su cariño, su amor, su amistad, su compañía.

 

Habrá quien me llame cursi por decir esto. ¡Da igual! ¿Por qué cursi si es real?

Mujeres en Maranhão, Brasil. Foto: Otávio Nogueira.

Mujeres en Maranhão, Brasil. Foto: Otávio Nogueira.

 

Amar al estilo brasileño no siempre tiene que ver con relaciones sentimentales. ¡Para nada! Unas personas aman, quieren, ‘gostam de outras pessoas’ por determinados motivos. Aman a sus amigos, a sus vecinos, a sus hermanos, a sus padres, a sus compañeros de trabajo (algunos), a sus mascotas… a cualquiera que añada o haya añadido algo bueno a sus vidas.

¿Cuántas veces escuchamos en España que alguien diga “te quiero”? El orgullo, la falta de costumbre, la tradición, como queráis… el caso es que la profundidad de la frasecita restringe su uso.

Imaginad que le digo “te quiero” a un amigo porque simplemente me agrada su compañía. Algunas personas lo hacen, pero podría ser equivalente a un 0,001% tal vez (no rigor científico here).

Eso llevaría al distanciamiento probablemente, o a la confusión en el mejor de los casos. Los brasileños, muchos, no tienen ningún problema por decir “te amo” a personas que LES HACEN BIEN. Simple. “Me haces bien”. ¿Qué hay de malo en expresar eso?

Los españoles, perdonadme, somos uno ‘siesos’ del copón. Que vale, sí, seguramente habrá quien piense que detrás de todo eso hay mucha hipocresía y que nosotros, cuando damos nuestra amistad, la entregamos para siempre. Ohhhh qué bonito. ¡Qué narices! ¿A quién le importa el ‘para siempre’ cuando podemos morir mañana?

¿Qué es eso del JEITO?

Esta semana, en una evento de la Cámara de Comercio Brasil-España, que celebraba su entrega de premios anual, me acerqué a Ángel Carmona, uno de los galardonados, y le dije: “Ángel, se me han puesto los pelos de punta con tu discurso”.

Además de presentar el programa ‘Hoy empieza todo’ en Radio 3, dirige un proyecto solidario llamado ‘Leãozinho’, (por la canción de Caetano Veloso) junto a Nuria Dillán. Consiste en enseñar a tocar la guitarra a los niños de la favela Parada de Lucas, de Río de Janeiro.

Ángel Carmona junto a los alumnos de Leaõzinho en la favela Parada de Lucas.

Ángel Carmona junto a los alumnos de Leaõzinho en la favela Parada de Lucas.

“La primera vez que fuimos a tocar allí llovía a cántaros (tempestade, seguro…) y la gente traía de todo para cubrir los instrumentos. Mantas, sábanas… cualquier cosa”, explicaba.

– “Has descrito exactamente o jeito brasileiro de ser“, le dije.

Y para mi sorpresa, me preguntó: “¿Qué has dicho? ¿Cómo es esa palabra? ¿Qué significa?”.

– “Es la forma de ser de los brasileños, que se dan un ‘jeito’ para todo, se apañan como sea, pero cuando la cosa tiene que salir, ¡sale!”.

– “¡Anda!”, exclamó.

– “Me acabas de dar un posible tema para mi blog”, respondí.

Y dentro de ese peculiar ‘jeito’ brasileiro de ser está el genial ‘jeito’ brasileiro de amar.

Es hoy, es ahora, es este instante. “Mais amor, por favor! 😉

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