Río de Janeiro no es una ciudad segurísima, está claro. Al menos no como Europa. Decir lo contrario sería poco ético desde el punto de vista periodístico. Sin embargo, también lo es generar una alarma desproporcionada a más de 8.000 kilómetros sin conocer si quiera este maravilloso, aunque desigual, lugar.




¿Quién puede creerse lo que diga alguien que no ha pisado Río de Janeiro en su vida? ¿Tú lo harías? Yo no. Reunir una amalgama de datos y escribir un listado de cosas negativas (como veo que está pasando en España) es fácil y vendible. Mucho más que tratar de mostrar la realidad de un día a día bastante más normal y tranquilo de lo que la mayoría de la gente cree.

Teleférico en el Pão de Açucar (Río de Janeiro). Foto: Virtudes Sánchez

Teleférico en el Pão de Açucar (Río de Janeiro). Foto: Virtudes Sánchez

Cuanto más se acercan los Juegos Olímpicos, más mensajes recibo de personas que tienen interés en venir pero que están asustadas por las informaciones que reciben.

Pues bien, voy a tratar de hacer un resumen de las cosas que me encantan de aquí y por las que me planteo quedarme más tiempo del que inicialmente tenía previsto. Hábitos y costumbres (reales) que me sirven para pasar olímpicamente (nunca mejor dicho) del alarmismo generado fuera de Brasil. Y no, no me sentiré culpable si a alguien le pasa algo (ojalá que no sea así) como un seguidor me planteaba en un comentario el otro día.

De la misma forma que recomiendo a los españoles (y latinoamericanos y cualquiera en general) conocer Río de Janeiro, también aconsejo a los brasileños que al menos una vez en su vida pasen unas vacaciones en España.

Viajar es en sí mismo peligroso. Es decir, salir de tu casa es peligroso. Te puede atropellar un autobús, te puedes caer en una zanja, te puede ocurrir cualquier cosa. ¿Por eso vas a dejar de hacerlas?

No seré yo quien diga que en España tienes el mismo riesgo de que te pase algo que en Brasil. Por supuesto que no. Pese a que en Madrid me han robado cinco veces (hurtado para ser más exactos) y en Río de Janeiro ninguna, sigo creyendo que el tipo de riesgo no es comparable.

Si alguien me atraca aquí, es probable que lo haga a punta de pistola o me saque una navaja. Y eso nunca se sabe como puede acabar… Esto es bastante difícil que ocurra en cualquier ciudad española, aunque tampoco se puede descartar.

MIRA ESTO: La violencia convertida en rutina, el gran drama de Brasil

En todo caso, que alguien se acerque a ti y te robe en Río de Janeiro tampoco es tan probable como parece. Esta es la cuarta vez que vengo. En tres meses yendo y viniendo de un lado para otro sola no me ha pasado nada. Y no solo eso, no he sentido el peligro de otras veces. ¿Por qué? Porque he conseguido integrarme. Caminar tranquila. Mirar a los ojos por la calle. Disfrutar de las experiencias. No hacer caso al alarmismo. Vivir…

Pero bueno, a lo que vamos. Motivos para no asustarse y disfrutar de Río de Janeiro 😉

1. No es una ciudad tan peligrosa como crees

Podemos considerar a Río como una ciudad violenta, sí. Negarlo sería absurdo. Sin embargo, ni siquiera aparece entre las 10 con mayor número de homicidios del mundo. De hecho, el índice de este tipo de crímenes bajó un 15% en 2015 con respecto al año anterior.

Aunque hay que tomar todas las medidas de seguridad posibles para no cometer una imprudencia que te pueda costar cara, lo cierto es que se puede caminar con normalidad. Nadie lleva chaleco antibalas ni va acompañado de guardaespaldas. Nadie.

Todo el mundo va con sus bolsos, mochilas y teléfonos móviles (que se pueden sacar en el metro y en la calle también con cuidado). Hay que evitar la ostentación, eso sí. Nada de joyas, lujos los justos y listo. Shorts, chanclas y camiseta. Vida simple 😉

Hace poco vino a verme mi amiga Carmen. Ella es una de las personas más independientes que conozco. Cuando llegó pensó que no podría hacer turismo sola y que dependería de alguien en todo momento. Los primeros días caminaba un poco asustada y preguntaba: “¿Vamos a ir por ahí?”. Yo le decía: “Sí Carmen, no pasa nada”, pero veía su cara de angustia y preocupación. Ahora me acuerdo y me hace gracia la situación…

Antes de volver a Madrid nos dejó su opinión sobre esta primera visita a Río de Janeiro: “Creía que iba a ser mucho más peligroso pero he hecho un montón de cosas sola sin ninguna sensación de inseguridad”.

 

2. No encontrarás maravillas naturales que te emocionen tanto

Topicazo al canto. Si por algo es conocido Río de Janeiro es por sus bellezas naturales, sí. Observo, sin embargo, que los extranjeros no suelen llegar más allá del Cristo Redentor y el Pan de Azúcar.

En la ‘cidade maravilhosa’ puedes hacer una trilha diferente en cualquier momento. Caminar por la selva carioca, descubrir las sorpresas de su vegetación. Observar la ciudad desde sus puntos más altos. Alimentar tu alma. Superarte a ti mismo escalando lo que creías que jamás escalarías. Río es, efectivamente, una ‘academia natural’ (gimnasio natural).

3. Desmontarás mitos y exageraciones como el peligro del zika

Quizá este debería haber sido el primer punto. Romper estereotipos y comprobar in situ que fuera de Brasil la alarma es exagerada resulta chocante pero es necesario. Si no vienes a Río de Janeiro nunca sabrás si lo que se dice de esta ciudad es real o no. ¿El zika? Me sorprende el nivel de preocupación teniendo en cuenta que los expertos han dicho por activa y por pasiva que el peligro real siempre fue y será el dengue.

La cuestión es: el verdadero riesgo lo tienen las mujeres embarazadas por la posibilidad de que sus hijos nazcan con algún tipo de malformación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que “existe consenso científico, basado en el número creciente de estudios preliminares, de que el virus zika es causa tanto de la microcefalia como del síndrome de Guillain-Barré”.

Eso no significa que en Brasil no haya mujeres embarazadas o que estén intentando quedarse embarazadas. Solo tienen que tomar las precauciones necesarias para evitar que el mosquito les pique. Hay que tener en cuenta que en los meses de otoño e invierno, mucho más frescos, la cantidad de mosquitos se reduce.

En cuanto a la transmisión sexual del virus, existe una posibilidad de contagio pero también hay un protocolo de actuación. No hay que volverse loco. En Brasil la gente hace una vida lo más normal posible y no vive con angustia pensando en el zika.

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4. Podrás sentir la pasión carioca por el deporte

En Río de Janeiro el deporte se siente en cualquier rincón. Siempre digo que la ciudad merecía unos Juegos Olímpicos no solo porque necesita de un legado (otra cosa es si lo tendrá en el futuro o no) sino porque el clima deportivo es tremendo. Es una ciudad que parece olímpica incluso sin serlo.

Si caminas por la orla (paseo marítimo) verás en cualquier momento del día y de la noche a gente corriendo, caminando, yendo en bici… en la playa se corre pero también se dan clases de entrenamiento funcional, de yoga, de voley playa, de futvoley… Se practican un montón de deportes acuáticos, se hace submarinismo, remo… Por no hablar del fitness que es una locura. ¡Hasta los ancianos tienen entrenador personal!

5. Conocerás gente carismática y maravillosa

Si algo tiene Río de Janeiro que no he visto en ningún otro lugar es gente curiosa y encantadora. Digo curiosa porque puedes encontrarte desde mujeres con rulos por la calle ataviadas con una bandera de Brasil como diadema a personas disfrazadas en cualquier lugar. Las situaciones pintorescas son constantes y te harán reír. ¡Mucho! Aquí se dice “Rio porque estou no Rio”, pues eso. Hay veces que salgo a la calle y me tengo que aguantar la risa para no llamar la atención.

Y no soy yo la única que percibe y valora el buen rollo de los cariocas, en el vídeo que está justo encima podéis contrastar mi opinión con la de unos turistas de Guatemala que llegaron por primera vez a Río de Janeiro hace unos días y ya están pensando en pasar el fin de año aquí.

La gente siempre que lo recuerde (la mayoría de las veces) te llamará por tu nombre. Es una señal de educación y respeto que acerca a las personas. Yo me siento hija de Copacabana ya. A veces me da hasta miedo.

Salgo a la calle y los saludos se suceden. En este orden: primero el portero, luego el camarero del bar de al lado, el dueño de la panadería, Paolo, del restaurante italiano, el chico de la cafetería, el camelô (vendedor ambulante) que vende pulseras, el que vende artesanía, la mujer de los bikinis, gente que quizá se cruzó conmigo un día por la calle o simplemente gente que te sonríe y te da los buenos días. La cosa es relacionarse, mostrar afecto.

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6. Tendrás planes todos los días

Aunque si tu estancia en Río de Janeiro se alarga puede que en algunos momentos te sientas solo, la verdad es que lo normal es que te surjan planes cada dos por tres. Quizá hacer amigos en Río de Janeiro no sea tan fácil como puede parecer, pero conocidos tendrás y te invitarán a conocer todos los sitios. Te llamarán para ir a fiestas, hacer excursiones, ir a la playa… ¡A todo!

Al final puedes ir ‘pulando’ (saltando) de actividad en actividad y desconcentrarte de otras cosas pero es el riesgo que se corre una vez que pierdes el miedo y empiezas a adentrarte en la ciudad maravillosa.

 

7. Descubrirás un Río de Janeiro que no sabías que existía

Pues sí. Resulta que Río de Janeiro es mucho más que Ipanema y Copacabana. Es Lapa, con su movida nocturna típicamente carioca, sus bares con samba en directo, sus petiscos, su idiosincrasia única… Es Santa Teresa, el barrio bohemio de la ciudad. Es el centro con sus museos, con el Teatro Municipal, sus iglesias preciosas, es Gamboa, con su pasado colonial y sus sambas imprescindibles en la Pedra do Sal.

Es Barra da Tijuca, el Hawai brasileño que recibirá la mayor parte de los deportes en Rio 2016. Es Botafogo, Gávea, Jardim Botánico… Es una ciudad impresionante con una historia desconocida hasta por sus propios habitantes. Una lugar que yo todavía estoy descubriendo 😉

8. Te darás cuenta de que la vida siempre puede ser más fácil

En Río de Janeiro para todo hay un ‘jeito’, una forma de salir del paso. Si te encuentras en una situación comprometida, seguro que hay alguien al lado que te ayuda. ¡Seguro! La gente agradece cada día por estar vivo, por contemplar tanta belleza, por tener la oportunidad de vivir en una eterna escena postal.

Es una pena que el egoísmo y la falta de instrucción de los políticos (impuestos altísimos que no se traducen en servicios públicos) están empezando a frustrar y cansar a los cariocas. Aunque en el mundo se les presente como vagos y holgazanes, la gente trabaja mucho en Río de Janeiro. La jornada laboral es larga, tienen que buscarse otros empleos extra o vender cualquier cosa para conseguir hacer frente a los precios exagerados de la ciudad.

Pese a todo, continúan con su sonrisa, con su positividad y alegría. Porque puedes estar jodido, pero por lo menos estás. Esa es la clave, su clave. Cuando entiendas su forma de vida y la tengas que abandonar, la echarás de menos. Porque como dice un cartel gigante en el aeropuerto internacional: ‘A saudade do Rio começa aqui’ 😉

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