Una de las cosas que más llama la atención a los turistas en Rio de Janeiro es la velocidad a la que circulan los autobuses. Da igual la línea, el barrio y el momento, ni siquiera importa la cantidad de gente que vaya dentro: el conductor siempre pisará el acelerador más de lo que debe.




He visto a gente caerse en mitad del pasillo, personas casi tapándose los ojos para no ver el peligro. Aunque puede parecer divertido en realidad no lo es. Siempre lo he dicho, la ‘cidade maravilhosa’ no está hecha para personas con problemas físicos. Si ya es complicado para un minusválido, por ejemplo, subir y bajar del autobús, imaginad mantenerse firme a 200 por hora. Muy difícil.

 

Los cariocas se lo toman con filosofía porque están acostumbrados, pero para alguien que llega de fuera es mucho más chocante. No conozco a un extranjero que no considere impresionante esto. De hecho me parece una experiencia que hay que sentir al menos una vez en la vida.

Sube a un autobús urbano en Rio de Janeiro y no te hará falta visitar un parque de atracciones. Increíble 😀

Otra cosa que puede llamar la atención a los turistas es que, aunque los están quitando poco a poco, en los autobuses hay dos personas trabajando: el conductor y el cobrador. Tendrás que pagar al cobrador y después pasar por una ruleta que no está hecha precisamente para personas con sobrepeso. Es un sistema diferente.

Eso sí, muchos autobuses tienen varias pantallas y puedes ver la televisión en directo. El aire acondicionado es otra de las cosas a las que tendrás que acostumbrarte. Aunque sea verano, llévate una chaqueta. A veces lo ponen demasiado fuerte. Esto pasa también en el metro. No importa la época del año, les encanta el fresquito.

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