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Cuando el señor Ernesto, que hoy es el dueño de la churrascaría Majorica, pisó sus suelos por primera vez, lo hizo para limpiarlos. Era uno de los miles de inmigrantes españoles que un día decidieron embarcarse a las Américas. Primero se asentó en Venezuela. No le gustó. Había demasiado rechazo a los españoles y algunos incluso acabaron muertos. Entonces decidió cambiar de país. Pese al idioma. Se fue a Brasil. Rio de Janeiro fue su primera parada. Nunca más salió.






“Aquí nunca he tenido problemas. Las personas aquí son muy acogedoras. Todos somos lo mismo. Llegó aquí, es brasileño”, asegura Ernesto, que llegó en el año 1962 procedente de aldea llamada La Cañiza, en la provincia de Pontevedra.

El primer trabajo que encontró en un Rio de Janeiro muy diferente al de hoy en día, fue como camarero en el rehabilitado barrio de Maua, la zona portuaria. En la plaza había una estación de autobuses y dentro dos restaurantes.

Allí estaba cuando de repente apareció un amigo de su pueblo, de la aldea gallega. No sabía que había emprendido el mismo camino que él pero ese encuentro cambió su vida.

Su amigo había comprado, junto a dos hermanos mallorquines, el local donde se encuentra la churrascaría Majórica. Pasaron solo ocho días y Ernesto ya estaba trabajando con ellos. De limpiar el suelo pasó a la churrasqueira.

Estuvo doce años asando la carne que hoy degustan políticos, empresarios, deportistas, actores, cantantes, periodistas y personas de la más alta sociedad carioca.

“Nosotros llegamos aquí sin nada. No teníamos nada. Pasaba cualquier cosa y no teníamos a nadie. Los que llegan ahora no es igual… porque les pasa algo y tienen una madre, tienen un padre, nosotros no, entonces había que trabajar”, explica sobre los españoles que llegaron a Brasil entre los años 50 y 60 y construyeron verdaderos imperios, casi todos relacionados con el sector servicios.

La mayoría de los hoteles de la zona sur de Rio de Janeiro pertenecen o han pertenecido a españoles. Arena, Windsord y otros muchos menos conocidos, están dirigidos por españoles o personas de origen español.

A base de horas de lucha y de trabajo. Hasta 12 y 13 horas sin parar. Pero, al menos el señor Ernesto no pasó dificultades. No desistió pero tampoco paró.

En cuanto a la fama de que los brasileños son más perezosos para trabajar, reconoce que “han cambiado mucho. Ahora ven que otros ganan y ellos también quieren. Además, algunos tienen verdaderas fortunas aquí”.

La churrascaría Majórica está ubicada en la rua Senador Vergueiro, en el barrio de Flamengo, una zona noble y familiar de Rio de Janeiro donde hay otros muchos buenos restaurantes.

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