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Una de las preguntas que cada cierto tiempo alguien me hace con mucho interés. Siempre respondo lo mismo: ¡Dios! Quería escribir sobre esto y todavía no lo he hecho. Pues vamos allá. Para mi, la respuesta es clara. ¡NO! No merece la pena alquilar una habitación por Airbnb en Rio de Janeiro. ¿Por qué? Bien, puede ser que mis experiencias no tengan nada que ver con las de otras personas. Que yo simplemente haya tenido mala suerte. Eso no significa, claro está, que el resto tengan que tenerla también. Pero vamos más allá…

Interior de un apartamento en Copacabana. Foto: Virtudes Sánchez

Interior de un apartamento en Copacabana. Foto: Virtudes Sánchez

 

Primera cosa. Rio de Janeiro es la ciudad que más turistas recibe en todo Brasil con mucha diferencia. Donde más turismo existe, también existe más oportunismo. En cualquier lugar del mundo. Por tanto, precaución. Hay que extremar la seguridad ante los fraudes. A eso hay que añadir la grave crisis económica que atraviesa no solo la capital sino todo el estado de Rio de Janeiro. Ante la necesidad, se agudiza el ingenio. Y al final, publicar un anuncio falso en una página web no es tan difícil. Lo puede hacer cualquiera.



No quiero decir con esto que en Rio haya más oportunistas que en otros lugares. Para nada. En Madrid también hay que tener cuidado. Un ejemplo: estoy suscrita a los avisos de Idealista. La inmensa mayoría de los correos que recibo son anuncios con fotos excesivamente bonitas, precios excesivamente bajos y dimensiones excesivamente exageradas para la cantidad que piden. Vamos, que no… muchas veces pincho en el anuncio por curiosidad y la web ya me avisa de que se ha desactivado por posible fraude. Y se repiten. Un día sí y otro también…

Los culpables de que existan estas cosas ni siquiera son los estafadores, porque quien hace la ley hace la trampa. Y siempre van a existir tramposos.

Los responsables son los dueños, administradores o gestores de las páginas web, que no hacen nada para comprobar que los anuncios sean verdaderos.

En 2016 viví durante seis meses en Rio de Janeiro. Fui de casa en casa. Tuve muchísimos problemas que ya conté. No solo con Airbnb sino con particulares que conocí por amigos en común. Fui a la aventura con la intención de crear contenidos nuevos en el blog. Acabé cubriendo los Juegos Olímpicos para MARCA. Y hasta hoy seguimos trabajando juntos. Fui y sigo siendo freelance. No tengo un sueldo fijo, ni seguro, ni ningún tipo de garantías (esto no es una queja, es una descripción de la realidad). Sin embargo, en la mente de la mayoría de la gente allí debía ser, cuanto menos, rica.




Y claro… europea, periodista, el mayor evento deportivo del mundo…. era una oportunidad para sacar dinero. Con la perspectiva del tiempo he sacado varias conclusiones de todo lo que me sucedió. No los culpo. En las mismas circunstancias quién sabe lo que otros hubiésemos hecho. Pasó y ya está.

El caso: me alojé en una habitación de Airbnb en un piso en el barrio de Leme. Unas dos semanas. La casa era horrible. Y ojo… yo no me suelo quejar de cosas como calidad de muebles, o estado de las cosas, ni siquiera las de la cocina, que en este caso ni pisé. Paso poquísimo tiempo en casa cuando estoy en Rio y con una cama, una ducha, wifi y una mesa para sentarme a escribir tengo suficiente. No necesito lujos.

Aquél lugar se caía a pedazos. Para encender la ducha y que hubiese agua caliente (eso era cuestión de magia casi) tenía que subirme a un taburete cojo y hacer malabarismos para ver si salía o no. El calentador funcionaba con pilas. ¡Sí! ¡Con pilas! No había visto esto en mi vida. Lo peor es que se gastaban súper rápido y si el dueño de la casa no estaba, no podía ni pedir otra pila, ni cambiarla ni nada. Tenía que ducharme con agua fría.

Habitación en un apartamento de alquiler en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

Habitación en un apartamento de alquiler en Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

Aún así no me quejaría. No me quejaría si no fuera porque el tipo entró en mi habitación una vez cuando acababa de salir del baño. “Oh, lo siento me he equivocado”, dijo. ¿¡Pero cómo te vas a equivocar si es tu casa!? Claro que no se equivocó. Cuando yo no estaba debía entrar en la habitación. El motivo lo desconozco. Por suerte tampoco nunca eché nada en falta.

Lo más sorprendente de esta historia ni siquiera es la historia. ¡Eran los comentarios! Atención a los comentarios. No sé si es que tenemos diferentes niveles de exigencia, si otras personas habían pagado menos y por eso esperaban menos… ni idea. Lo cierto es que la inmensa mayoría de las opiniones eran positivas.



Yo dejé mi reclamación cuando me fui. Y la queja no era ni para el buen señor que alquilaba un trozo de su casa (tenía una cortina en el pasillo que separaba la habitación en alquiler del salón de su uso exclusivo) sino de las personas que con sus opiniones habían colaborado en engañar a otras. Todavía no lo consigo entender.

Intenté salir de esa casa antes de tiempo incluso perdiendo dinero. Busqué otras cosas en Airbnb. ¿Qué pasó? ¡Que me estafaron! Vi un anuncio de una habitación que estaba cerca, al lado del metro Cardeal Arcoverde, a la altura del posto 2. Era barata, tampoco tan, tan barata, pero barata. La reservé. A los pocos minutos recibo un mensaje de uno de los chicos que vivían en la casa. “¿Sabes que la habitación es el salón?” ¡Pues no! ¡No lo sé! No lo ponía en ningún sitio. Leí, releí y volví a leer. Leo y escribo bien en portugués, no fue un problema por el idioma.



Estaba claro que el anuncio era engañoso. Reclamé a Airbnb. Después de dos años, todavía estoy esperando que tomen alguna medida. No fui a la casa, no me devolvieron el dinero. La sensación más parecida a coger unos billetes y cortarlos por la mitad. Sentí una frustración horrible.

¿Por qué no fui al salón de la casa? Porque además había más inquilinos por lo visto. Yo llevaba todas mis cosas, entre ellas todo mi equipo: la cámara, el trípode, los micrófonos, el ordenador… iban a empezar los Juegos Olímpicos, si le hubiera pasado algo a alguna de mis cosas perdería más dinero que el de aquél alquiler.

Intenté quedar con los chicos para que me devolvieran el dinero en mano. Hicieron un amago de quedar, pero siempre que ponía día y hora les surgía un problema diferente. No hubo forma y jamás ni siquiera se disculparon.



Esta es mi experiencia. Imagino que otros tendrán otras mucho más positivas. Pero si me preguntan a mi si merece la pena arriesgarse con Airbnb en Rio de Janeiro respondo claramente, una y mil veces: ¡NO!

Hay alternativas baratas. Cualquier opción es mejor: un hostel, una posada (en algunos barrios hay), guest house, lo que sea, pero Airbnb es una lotería que puede acabar con tus vacaciones en una ciudad realmente maravillosa.

 

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