Juro que iba a empezar a escribir un texto sentimental resumiendo mi año brasileño y he acabado tecleando la palabra Flamengo. ¡Lo siento! De verdad, ¡lo siento! Lo siento por los aficionados de todos los equipos de fútbol de Brasil porque no tengo nada contra ellos. Quién sabe si un día, cuando los conozca más profundamente, no acabe compartiendo mi cariño. Por el momento, tengo que declararme abiertamente flamenguista.





Muchas veces, cuando la ‘saudade’ pega fuerte, me pongo a ver vídeos, fotos y recuerdos de mis viajes a Brasil. Todos han sido especiales por diversas causas, pero los dos últimos fueron diferentes.

En la grada de Maracaná durante un partido del Flamengo. Foto: Virtudes Sánchez

En la grada de Maracaná durante un partido del Flamengo. Foto: Virtudes Sánchez

 

En 2017 fui a hacer unos vídeos para una de las empresas con las que trabajo, www.brazilianbikinishop.com. Aprovechando que iba a viajar, me pasé por la redacción de MARCA para avisar de que estaría por allí unas semanas. Podría preparar contenidos nuevos y exclusivos.

– “Vale, pero solo fútbol”, me dijeron.

Y mi mente empezó a pensar sobre la marcha: “Puedo entrevistar a Vinícius Junior”, solté.

– “¿Quién es ese?”, fue la respuesta de uno de los jefes.

– “Un chico del Flamengo que tiene 16 años y lo quieren fichar Real Madrid y Barcelona”.

– “Ok, como quieras”.

Y en esa conversación comenzó todo…

Salí de la redacción y empecé a pensar en otros reportajes. Quería escribir sobre la inversión de valores en el mundo del deporte aprovechando la salida de la cárcel de Bruno, el portero, y su fichaje por un equipo de segunda división. Cuando ya tenía el viaje a una ciudad de Minas Gerais casi listo para buscarlo, lo metieron entre rejas otra vez. La mejor forma de que se te caiga un tema: que un asesino vaya a la cárcel, donde tenía que estar, y no a un campo de fútbol para firmar autógrafos y hacerse fotos con la afición.

Ya en Rio de Janeiro, aprovechando que la semifinal de la Copa de Europa de ese año sería entre Real Madrid y Atlético de Madrid, entrevisté al excolchonero Diego Ribas, una de las estrellas del Flamengo actual. Días antes fui a algunos partidos. Esa fue mi primera aproximación al mundo ‘rubronegro’.

Un día, en una de las salas de prensa de Maracaná, un compañero le dijo al director de fútbol: “Esta chica quiere entrevistar a Vinícius Júnior”. Se volvió contra mi y me trató fatal. “Imposible. Eso es imposible”, dijo. Del resto solo recuerdo que le toqué el hombro y le repondí: “Tranquilo, eu sou bonzinha, eu sou bonzinha (mal, lo correcto es boazinha. ¡Lo descubrí después!) Quizá por eso no pudo evitar, que a pesar del tremendo enfado, le apareciera una sonrisilla en la boca… 😀 En el fondo sabía que yo solo iba a hacer mi trabajo.

Me extrañó la actitud de aquél directivo. ¿Cómo es posible que se ponga así por un jugador que ni siquiera está en el primer equipo? Avisé al periódico. Ese nerviosismo tenía que significar algo… Efectivamente, el Real Madrid estaba a punto de contratar a Vinícius. “Acreditate a todo”, me pidieron. Pocos días después, dábamos la noticia: 45 millones. Llegaría en julio de 2018. Fichaje histórico. Nunca antes un equipo había pagado una cantidad parecida por un futbolista menor de edad. Estaba, y está, llamado a entrar en la lista de los mejores.



En aquella época todo el mundo era cordial conmigo pero desconfiado al mismo tiempo. “Tú eras la enemiga para nosotros. Creíamos que eras espía”, me dijo alguien importante del club.

Nada de espía. Nueva aficionada. Gracias a esa contratación conseguí dos cosas: creer en Dios y tener un equipo en Brasil. Hasta entonces nunca había recibido una señal tan evidente de la existencia de un ser superior (¿por qué se me vino a la cabeza el nombre de Vinícius Júnior y no otro?) y tampoco tenía respuesta cuando alguien me preguntaba: “E você, torce por qual time no Brasil?”




El Flamengo, por Vinícius, y yo, empezamos a unirnos irremediablemente. Conocí la escolinha de São Gonçalo donde dio sus primeros pasos, entrevisté a sus representantes, a los miembros más cercanos de su familia, fui a su primer entrenamiento con el primer equipo, a su debut contra el Atlético Mineiro… estuve en todos los momentos importantes en Rio de Janeiro.

 

Algunas veces iba a Maracaná en taxi o en Uber, otras en metro. Me encantaba sentir el calor de la gente, escuchar los cánticos en cada vagón, ver a todo el mundo con sus camisetas, pancartas, pelucas, sombreros  y resto de atuendos en rojo y negro para animar. Ir a Maracaná a “torcer pelo Mengão” es un ritual, un día de fiesta.

A veces echaba fotos, las publicaba en las redes y la gente me respondía: “¿No te han robado?” Pues no, solo me han ayudado, me han dado cariño, me han facilitado la vida… porque sí, la conexión con la torcida del Flamengo me salvó en algunas ocasiones. Recuerdo una vez que me avisaron de que no podría acreditarme para el siguiente partido, que era precisamente el del debut de Vinícius, porque ya me habían invitado tres veces, y para el resto había que formar parte de una asociación y pagar la tasa anual. “¿Anual? ¿Pero si voy a volver a España?”, decía pero nada…

Entonces apareció la FlaTT. Oh Dios mío… ¡FlaTT! Que significa Fla-Twitter, una legión de personas que comparten su amor por el Flamengo. Publiqué una foto diciendo que quizá ese sería mi último partido en Maracaná y surgieron en masa protestando por esa injusticia conmigo. Marcaron a directivos y a otras personas que ellos consideraban que podrían ayudarme. Su presión fue tan fuerte que conseguí una acreditación en tiempo récord. ¡Solucionado!

¿Cómo no les voy a tener cariño? Si me ayudan, me cuidan, me protegen. Y no solo online, también en persona.

Este 2018 ha sido todavía más especial. Del anterior viaje traje muchas “Vini historias”, como yo las llamaba, pero no pude conseguir lo más importante, lo que realmente quería: la entrevista con Vinícius. El todopoderoso Real Madrid se encargó de ponerse lo suficientemente en medio para impedirlo.

No desistí. Porque esa es otra de las cosas más importantes que he aprendido en Brasil: tirar la toalla, NUNCA. Después de meses viendo todos los partidos del Flamengo, escribiendo las crónicas más importantes, siguiendo la actualidad diaria a 8.000 kilómetros de distancia, decidí que tenía que volver para intentarlo.



“Esa entrevista es imposible”, me dijeron en MARCA. E imposible significaba que si yo quería ir me podía buscar la vida. No me iban a pagar los gastos del viaje y mucho menos la estancia. ¡Me apañé! Porque cuando entras en el mundo brasileño está bien tener una cosa en mente siempre: “Quizá otros no puedan, nosotros sí”. “Alguien te ayudará, estoy seguro”, me escribió un seguidor sin ni siquiera saber cuáles eran mis planes. Ese mensaje se grabó a fuego en mi mente: “Alguien me ayudará”. Y no fue una persona, fue una Nación.

Me ayudaron. Mucha gente. Entraba en Maracaná y me decían: “Española… mira…. ¡gol!” Me convertí en “pé quente”, en talismán. En dos meses en Rio de Janeiro el Flamengo no perdió ni un partido. “¡Quédate hasta final de año!”, me decían.

Un cariño, una conexión, una pasión inexplicable. Aprendí un montón de canciones. Llegué a España con los estribillos en la cabeza. No paraba de resonar en mi mente, mi preferida: ‘Manto Sagrado’:

“Dá-lhe, dá-lhe, dá-lhe, ô
Dá-lhe, dá-lhe, dá-lhe, ô
Dá-lhe, dá-lhe, dá-lhe, ô
Mengão do meu coração”


Lloré. Porque cuando creía tener mi objetivo más cerca, parecía escaparse para siempre. La entrevista con Vinícius se resistía. Había mucha gente haciendo presión para evitar una cosa tan simple como responder a unas preguntas desde el cariño. Porque si alguien le tiene aprecio y admiración a ese chico soy yo. Jamás haría algo que le perjudicara sin ningún motivo. El mundo nos puso de esta forma en el camino. Por algo será…

En su último partido en Maracaná, Vinícius lloró desesperadamente. Yo sabía que ya no iba a jugar más en el templo del fútbol brasileño. Al menos hasta que llegue el final de su carrera. Porque cuando un futbolista sudamericano atraviesa el océano para jugar en Europa, si es bueno, y lo es, no vuelve hasta los 35 como mínimo.

El Flamengo no quería admitir que se iría porque intentó retenerlo hasta el final. Era la apuesta de la directiva para presentarse a la reelección a final de año. Si salía, bien. Si no, al menos se garantizaban el dinero que faltaba del fichaje. Yo lo sabía. La prensa brasileña, no.

En la puerta del vestuario, aquél adolescente de 17 años con cara de buen chico, los ojos rojos, las últimas lágrimas reluciendo en sus mejillas. “Vini, no te preocupes, si un día vas a volver… Y mira, ¡por tu culpa yo también soy flamenguista!”, le dije. Sonrió.

 

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🇧🇷 Talvez nem seja o melhor momento mas sabia que tinha filmado como foi o ambente no último jogo do @viniciusjunior no Maracanã e não tinha compartilhado. O Real Madrid devia levar em conta a parte emocional. Ninguém passa disso a Segunda B sem ficar triste. Que não se arrependa… . 🇪🇸 Tal vez ni siquiera sea el mejor momento, pero sabía que había grabado cómo fue el ambiente en el último partido de @viniciusjunior en Maracaná y no lo había compartido. El Real Madrid debería tener en cuenta la parte emocional. Nadie pasa de esto a Segunda B sin estar triste. Que no tenga que arrepentirse… . #flamengo #mengo #mengao #vinicius #viniciusjr #realmadrid #brasileirao #maracana #maraca #futbol #futebol #jogo #esporte #sport #riodejaneiro #rj #brasil #video #videogram #instavideo #instagood #instadaily #instalife #jogo #SRN

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Ese fue nuestro último día en Maracaná. Después jugó su último partido con la camiseta del Flamengo en el Allianz Parque de São Paulo, contra el Palmeiras. Y ahí estaba yo, descubriendo otro estadio y otra afición espectacular.

Volviendo a Rio recibí una llamada. La entrevista se alejaba. Mi viaje, mi apuesta, mi esfuerzo… no había servido nada más que para hacer mayor mi ‘torcida’ por el Flamengo.

Cuando ya había admitido que no conseguiría el objetivo final, recibí otra llamada: “¿Virtudes, estás en Rio?”, me preguntaron. “Sí, aquí estoy”. “Mañana haces la entrevista a Vinícius, en su casa”. No me lo podía creer. Todavía no sé muy bien quien (o quienes, creo que fueron bastantes personas) intercedieron por mi para ayudarme a hacer lo que quería: mi entrevista. Y, de paso, ayudar a una futura estrella del fútbol mundial a llegar a España con una imagen positiva. Quería que la gente, españoles o no, conociesen mejor a ese chico al que, injustamente, estaban tratando de destrozar antes incluso de vestir su nueva camiseta.

Con Vinícius Júnior durante la entrevista en su casa de Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

Con Vinícius Júnior durante la entrevista en su casa de Rio de Janeiro. Foto: Virtudes Sánchez

 

Hubo racismo, hubo envidia, hubo rencor, hubo ‘torcida arco-irís’. Todos los no flamenguistas unidos para menospreciar el talento de un jugador simplemente por haber salido del Flamengo. ¡Qué injusto! Incluso compañeros de la prensa brasileña me repetían, una y otra vez: “Ele não é isso tudo”.

“Si es o no, ya lo veremos”, respondía yo, que no estaba ahí para leer el futuro sino para trabajar sobre el presente. Me molestaba. Porque querer el mal de alguien bueno y sacrificado es uno de los peores sentimientos que una persona puede tener. Desear que no le vaya bien a quien no ha hecho más que esforzarse durante toda su vida define a las personas envidiosas, rencorosas, detestables.

Me solidaricé con su causa desde el principio. Como si me hubiesen puesto ahí para defenderlo. Porque era lo justo. No tiene más explicación. Hice lo que debía. Ni más ni menos. A pesar de que al final, después de volver a España, la historia se volvió contra mi y me perjudicó. Sin remordimientos. Con la conciencia tranquila de continuar firme, defendiendo valores, mis valores, y mi profesionalidad. Porque también es lo justo. Integridad. Y ‘Deus, que vê todas as coisas e sabe o que faz’.


Hoy, cinco meses después de que ambos aterrizásemos en Madrid, sigo emocionándome recordando todos esos momentos, los momentos flamenguistas y con los flamenguistas. Ellos, que me ayudaron, nunca me abandonaron. Son mayoría en mi cuenta de Twitter, ‘invadieron’ mi Instagram y siguen mandándome vídeos, fotos y mensajes recordándome que tengo que volver, para que el Flamengo gane, porque fui, y podría volver a ser, ‘pé quente’.

Amo esse time, amo essa Nação. Obrigada por tudo!

Y otra cosa que aprendí: el significado de SRN (Saudações Rubro Negras). Adoro vocês! Tamo junto sempre! <3

Observación: queda pendiente un capítulo aparte sobre Alexandre Abreu Gontijo, mi amigo, la primera persona que conocí en Maracaná en esta aventura flamenguista. Aunque era vascaíno. Sin rencores, solo tenía amor en el corazón y generosidad. A él, que se nos fue inesperadamente poco después de que yo volviese a España, espero poder dedicarle un libro, su pasión. Una parte de sus cenizas están guardadas bajo el césped de un rincón de ese maravilloso estadio. A la vuelta lo buscaré. Y le contaré todo. Incluso lo que no puedo escribir aquí. A ti sí Alexandre. Mi ayudante y confidente siempre. En este mundo y más allá.

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