Ya hace tiempo que quería escribir sobre lo mucho que me llama la atención la conciencia que los brasileños tienen de la necesidad de estar alegres sí o sí. Es como si tener momentos de bajón, sentirse desanimados, frustrados o tristes fuese una derrota. La gran derrota…

“Cuando los pensamientos negativos empiecen a aparecer en tu mente, habla con Dios, encomiéndate a él. Ya verás como desaparecerán”, me dijo mi amiga Josy hace unas semanas en una de las muchísimas conversaciones que tenemos.


Porque esa es otra: los brasileños le dedican tiempo a la gente que ellos valoran de verdad. No tienen excusas. Te buscan, te preguntan, te prestan atención, te quieren ver. Mientras, nosotros encontramos otras muchas cosas que hacer y que tal vez acabemos no haciendo nunca.

Bloco de Carnaval en la Praça XV de Rio de Janeiro. Foto: Rodrigo Soldon

Bloco de Carnaval en la Praça XV de Rio de Janeiro. Foto: Rodrigo Soldon

 

Pensando en todo esto durante meses, porque cuando voy a Brasil vuelvo reflexionando sobre lo alegre que estoy allí y lo desanimada que me encuentro en Madrid, llego a una canción que hacía tiempo que no escuchaba: Sorriso Aberto. Yo conocí la versión de la gran Jovelina Pérola Negra, una de las sambistas de partido alto más prestigiosas de la historia, la diosa negra de Rio de Janeiro.

Y la letra dice:

“Tristeza foi assim se aproveitando
Pra tentar se aproximar
Ai de mim
Se não fosse o pandeiro, o ganzá e o tamborim
Pra ajudar a marcar (o tamborim)
Logo eu com meu sorriso aberto
O paraiso perto, a vida melhorar
Malandro desse tipo
Que balança mais não cai
De qualquer jeito vai
Ficar bem mais legal
Pra nivelar
A vida em alto astral”


Es decir: por mucho que alguien sea alegre y positivo también tiene problemas. Y eso lo saben muy bien en Brasil. La gente te recibirá con una sonrisa, te animará, te abrazará, te apoyará, te ayudará… pero tal vez los baches en su camino sean mayores que los tuyos. Seguramente lo serán. Sin embargo, tratan de no quejarse, de no mostrarlos, de olvidarse de ellos durante el máximo tiempo posible para vivir “em alto astral”, de una forma positiva.


Escribiendo esto me acuerdo de un profesor (otro día cuento la diferencia entre profesor y monitor) de uno de los gimnasios en los que entrenaba en Rio de Janeiro. Mi favorito, el mejor, el único capaz de transformar mi cuerpo. Ni me cobraba por sus clases, que eran intensas como jamás he visto. Ningún otro profesor tenía su capacidad, su conocimiento, su experiencia y su dedicación. Lo hacía porque, como él decía: “Tú valoras Brasil, haces mucho por mi país, yo tengo que hacer algo por ti”.

Durante muchos años vivió en Copacabana, en la zona sur de la ciudad, uno de los barrios más prestigiosos y valorados. Su hija murió y se tuvo que quedar al cuidado de sus tres nietos pequeños. La mujer que tenía entonces lo abandonó porque no quería asumir esa responsabilidad.

Solo con tres niños tuvo que mudarse a la zona norte, más barata, para poder mantenerlos. El mayor se escapaba, seguramente porque no asumía la falta de las figura de una madre y de un padre, que también falleció.


Tardaba más de dos horas en llegar al trabajo y no podía volver a casa hasta la noche. Nunca lo vi lamentarse. Jamás. Siempre sonriendo, siempre animando al resto, siempre intentando hacerme ver la mejor de las posibilidades de todos los supuestos problemas que tenía.

Solo una vez lo vi con lágrimas en los ojos. Estábamos comiendo juntos. Le encantaba pasar tiempo conmigo. Y a mi con él. Hablando de sus nietos, de la responsabilidad que tenía con ellos, se emocionó. Pero mantuvo la sonrisa. Dientes blancos que resplandecían en su piel negra. Luchador alegre, ejemplar.

Y como él, tantos otros. Tantas historias desconocidas, tantos dramas silenciados, tantas luchas que no conocemos. Y no las sabemos no por discreción sino por el afán del brasileño de siempre estar bien, de estar alegre. Pase lo que pase.

Pensamientos negativos atraen negatividad, dicen ellos. Y al contrario lo mismo. Si piensas en positivo es más probable que te ocurran cosas buenas. Esto debió pensar Vinícius Júnior, ‘meu menino craque’. El pobre se ha lesionado y estará dos meses de baja.

Es la primera lesión grave de su carrera y llega justo en el peor momento del Real Madrid, eliminado de la Champions, de la Copa del Rey y sin posibilidades de ganar la Liga. En marzo, con todo lo que queda por recorrer.

Por si fuera poco, se perderá el amistoso de Brasil contra Panamá en el que iba a ser su debut con la selección absoluta y es muy probable que no esté, como se esperaba, en la Copa América que se celebrará en Brasil en verano (yo tampoco sé si estaré) ¡Un desastre! ¿Y qué hizo él? Unas horas de tristeza y enseguida subir el ánimo.




“Alegria pra recuperar e voltar melhor que antes”, publicó en su cuenta de Instagram usando una foto del momento de la lesión bajo frase: “O choro pode durar uma noite mas a ALEGRIA vem pela manhã”. (El llanto puede durar una noche pero la alegría llega por la mañana).

 

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Alegria pra recuperar e voltar melhor que antes. Obrigado a todos pelas mensagens ❤️⚽️

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Cuando hablo con amigos, compañeros, conocidos o seguidores españoles y utilizo alguna de estas expresiones motivadoras que he aprendido en Brasil me miran raro. Deben estar pensando que fumo hierbas extrañas porque no es normal. No es normal que una española 100% no se queje el 100% de las ocasiones en las que podría hacerlo. No es normal ver una luz, o intentarlo, al final del túnel. Sonriendo, pensando que despertarse por la mañana ya es un motivo suficiente para agradecer.

En España nada nos parece suficiente. Se valoran poco las cosas pequeñas, los actos de generosidad, la simpatía, la amabilidad… obviamente estoy generalizando. Si podemos decir: “si pero…” lo decimos. Los brasileños no suelen decir: “sim mais…” dicen: “Amanhã é outro dia”.

Valorar las cosas, sonreír siempre, cantar, ver vídeos de bromas, que esto es otra de las cosas que más me impresiona. Graban cualquier cosa que pueda hacer reír, provocan pequeños engaños para compartirlos, buscan en Internet, descargan los vídeos, los comparten, se ríen ellos y se ríen los demás. Estrategia para estar alegre, para estar feliz.

Como las frases. Si tienes amigos brasileños, observa: seguro que publican cosas tipo: “A vida é um pulo. Então faça valer à pena cada milésimo no ar para que você caia no chão feliz” (“La vida es un salto. Entonces, haz que valga la pena cada milésima en el aire para que caigas en el suelo feliz”).


Juro que no he tenido que hacer una gran búsqueda. Ir a los estados de WhatsApp y ya está. La mayoría son contactos brasileños que publican este tipo de mensajes cada día, desde por la mañana, para agradecer, para motivarse y para motivar.

Sin entrar en la cuestión religiosa porque esto me genera dudas. ¿Cuánto más creyente más positivo? Conozco mucha gente con una fe inmensa en España y negativa, negativa hasta el final. En Brasil, en cambio, Dios es el camino para confiar, para sonreír, para creer ciegamente en un mañana mejor.

Y la alegría de los brasileños es también uno de los motivos por los que los extranjeros quieren conocer Brasil y los que llegan a hacerlo se quedan (nos quedamos) enamorados. Porque este hábito, si puede llamarse así, es lo más maravilloso, único y admirable que tienen los brasileños. Si dudas, escucha esto:

 

“Viver
E não ter a vergonha
De ser feliz
Cantar e cantar e cantar
A beleza de ser
Um eterno aprendiz
Ah meu Deus!
Eu sei, eu sei
Que a vida devia ser
Bem melhor e será
Mas isso não impede
Que eu repita
É bonita, é bonita
E é bonita”

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