El metro en Rio de Janeiro funciona muy bien. No une todos los puntos importantes de la ciudad, las tres líneas que tiene divididas en 41 estaciones no llegan a los lugares donde la gente más necesita de transporte público. Los principales centros de trabajo están ubicados en la zona sur, oeste y en el centro de la ciudad. Esas son las zonas donde mejor funciona el metro. ¿Cuál es el problema entonces? Que muchos trabajadores, sobre todo los del sector servicios, viven en la periferia, en barrios del norte y zonas humildes muy alejadas del metro.





Esta gente tiene que moverse en autobús o en tren. De ahí que la estación Central do Brasil, la principal en Rio de Janeiro (recomiendo ver la película completa), esté siempre llena a hora punta.

Los trenes que hay, que también son menos de los que debería, funcionan bien, están limpios y son cómodos (si te puedes sentar son más obviamente).

Una cosa que me llama mucho la atención es que tanto en el metro como en los trenes, pero más en estos últimos, pasan vendedores ambulantes cargadísimos de cosas, súper equipados, con sus cochecitos y todo. Hacen su presentación, original y creativa como creo que nunca veré en otro lugar, y la gente compra sus cosas y colabora con su trabajo. Porque esa es otra: en Brasil la gente se ayuda.

Uno de los grandes problemas de metro y autobuses públicos en Brasil no es solo que no lleguen a todos los lugares, que falten líneas y servicios, sino el precio. Este año en Rio de Janeiro está a punto de subir de 4,10 a 4,60 reais por trayecto, más de un euro en un país que tiene un salario mínimo de 998 reais (año 2019), o sea, algo más de 231 euros. No tiene sentido… utilizar transporte público también es un lujo para las familias menos pudientes.

Otra cosa que también me llama la atención es el vagón exclusivo para mujeres que existe en varias de las grandes ciudades de Brasil, entre ellas Rio de Janeiro y São Paulo. ¿Qué significa esto? Que hay una parte del tren en la que solo pueden entrar mujeres en hora punta.


¿Por qué? Porque algunos hombres aprovechan la aglomeración de gente para restregarse (sí, sí, esta es la palabra correcta, restregarse) con las mujeres. Así sienten satisfacción y al mismo tiempo agreden a otro SER HUMANO. Increíble pero cierto. En el siglo XXI seguimos así.

Si un hombre utiliza un vagón de mujeres puede ser multado. Esto dependerá de si lo pillan o no. Obviamente, si lo que está haciendo es otra cosa, puede incluso ir a la cárcel por abuso sexual.

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