Los bailes de los jugadores de fútbol brasileños al celebrar sus goles se han convertido en polémica en España. Todo comenzó con Vini Jr, que siempre ha usado coreografías de las músicas de moda en Brasil después de marcar un gol, y los ataques racistas en el programa El Chiringuito, donde lo llamaron «mono».

En ese programa no solo usaron expresiones racistas sino también xenófobas. «Si quiere bailar, que se vaya al sambódromo a Brasil», llegó a decir Pedro Bravo, presidente de la asociación de representantes de futbolistas de España.

Después se justificó diciendo que se trataba de una expresión habitual en España, donde «hacer el mono» es equivalente a «hacer el payaso». En el sentido más estricto, así es, pero en el contexto y con las formas que fue utilizado, todos sabemos que es una excusa bastante torpe y habitual.

Pero, ¿por qué molestan tanto los bailes de los jugadores brasileños en el fútbol? Los acusan de provocar bailando, de chulería, de exageración. Muchos dicen que no es necesario ser tan expresivo para celebrar un gol.

La cuestión es que quien critica y ataca este hábito brasileño, no entiende la cultura de Brasil y juzga desde su propia cultura. Eso tiene nombre: eurocentrismo y etnocentrismo. El acusador no se pone en el lugar del otro, no tiene empatía, y tampoco el mínimo interés por ir más allá y entender por qué los brasileños tienen esta costumbre de celebrar bailando.

Vini Jr celebra un gol bailando en el Santiago Bernabéu. Foto: Real Madrid

Yo soy española, y alguna vez en mi vida puedo haber caído también en el error de pensar que bailar es provocar. Quién sabe en mi juventud de ignorancia y desconocimiento. Pero este asunto ha alcanzado una dimensión completamente desproporcionada, al punto que todo el mundo habla de esto.

En el mundial de Catar, no solo Vini sino otros jugadores que bailan como Neymar o Paquetá, han sido observados de cerca y cuando han perdido la mofa y la burla ha sido simple y rápida: «¿Hoy no bailan los brasileños?»

No entienden que en Brasil se nace bailando, que la música forma parte de la vida cotidiana de cada brasileño, que les alegra y les consuela, que sirve de bálsamo para una vida difícil, de lucha y de desigualdad.

En muchas ciudades de Brasil, y Rio de Janeiro seguramente será líder en eso, la gente ensaya las coreografías de las canciones durante la semana para bailar en las fiestas los fines de semana. Un ejemplo clarísimo es el tradicional Baile Charme de Madureira, que mostré en Instagram y del que escribiré cualquier día de estos.

Los jugadores bailan desde los equipos de base y nadie se siente ofendido. Se van a un rincón, hacen su coreografía y la vida sigue. ¿Por qué en España ofende algo tan normal?

Por otro lado, muchas de las jugadas características de los brasileños tienen su origen en la danza. La ginga viene de la capoeira y como él muchos otros. Si el jugador brasileño es contratado por los clubes europeos es porque aporta visibilidad al juego de los equipos, porque es diferente, alegre, porque encara, porque regatea, porque se mueve diferente, porque BAILA JUGANDO.

Parece que queremos europeizar al brasileño. Y si hacemos eso, lo matamos, matamos su creatividad, matamos su positividad, matamos su sonrisa y matemos su diferencia. No matemos al jugador brasileño, no matemos su osadía y no matemos al fútbol, al fútbol bonito.

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