“Sempre que a saudade apertar deixe derramar em lindas palavras”, me escribía estos días una seguidora en una foto que publiqué en Ilha Grande junto a un texto en el que casi imploraba a los brasileños no ser tan duros e injustos con su propio país. Lo hacía porque después del lío que tenemos montado en España con la historia de la independencia de Cataluña, me ha dado el bajón más grande desde que pisé por primera vez suelo brasileño hace siete años.




Cuando echas mucho de menos, tanto que llega a doler y te dan ganas de llorar de tristeza porque te acuerdas de los momentos más simples, las situaciones más idiotas, las personas… y te sientes fuera de lugar, como en una jaula, maniatado, preso, con falta de libertad… Ese sentimiento se llama saudade. Dicen que no tiene una traducción al español. La palabra sí lo tiene, lo que representa seguramente no. Nosotros lo llamaríamos nostalgia, en Galicia dirían morriña. En ninguno de los casos es tan intenso como la saudade.

Brasileiros, valorizem o que vocês tem, sério. Hoje o que eu mais queria era estar assim: passeando por uma das praias mais lindas do mundo, no meio da floresta, com pessoas que gostam tanto da simpliscidade quanto eu. Precisa duma súper estrutura e tirar foto tomando champagne mais preocupado por passar uma falsa imagem de felicidade do que de ser feliz? Não precisa. E não precisa de camas fashion na areia. Precisa de areia, a cama eu tenho em casa. “Ohhhh… mas a Europa é chique”. O que é chique? Acho mais chique um boteco, por aconchegante e verdadeiro, do que um súper restaurante em Paris. Legal, beleza, bonitinho. Muitas vezes me lembro dos meus amigos no Rio: “Vamos naquele bar chique que só tem gente bonita”. Já tenho desistido desses planos várias vezes. O que mais quería era conhecer as quadras das escolas de samba. Desde que começam a festa os domingos com as feijoadas de confraternização. Nunca ninguém quería me acompanhar. Isso não é chique pelo visto. Temos um verdadeiro conflito de valores, de preferenças, de concepções do mundo que precisam urgentemente de ser revisadas. O que tem mais chique do que a natureza, do que a realidade, do que o povo? Em dias onde essa parte do mundo (chique) vive dividida, com vizinhos egoistas quase batendo uns nos outros porque querem ter mais, ser mais e ostentar mais privilegios, eu daria tudo por me afastar. Respirar ar verdadeiro e viver uma vida real e não todo esse filme ridiculo que me faz perder a fé no ser humano. Vida de compartilhar, de abraçar, de se misturar, de ajudar ao próximo… É isso o que mais sinto falta do Brasil 😔 Boa noite! 🇪🇸🇧🇷 #brasil #lopesmendes #riodejaneiro #rj #spanish #playa #praia #photo #travel #traveling #TFLers #visiting #instatravel #instago #instagood #trip #photooftheday #fun #travelling #instapassport #instatraveling #mytravelgram #travelgram #travelingram #igtravel #saudade #tbt #remember

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En los Juegos de Rio 2016 colocaron un cartel gigante en el aeropuerto internacional. Decía: “A saudade começa aqui”. ¡Y tanto! Miles de los que entonces eran turistas y hoy serán “apaixonados” por Brasil, saben de lo que hablo.

No. Yo no tengo motivos para quejarme de la vida. Tengo una familia estructurada, buena, alegre, unida… Salud. Trabajos. Inestables, demasiados y no siempre bien remunerados, pero los busco y los descarto yo, son los que unas veces más y otras menos, me hacen feliz. No tengo perro, ni gato, ni novio porque no quiero. Bueno, lo último no es por elección, es por falta de oportunidades que realmente valgan la pena, la verdad. Como soy piscis, no pierdo la fe 🙂

Sí. Mi país es seguro, los servicios de educación y sanidad públicos atienden a todos sin importar su clase social. Son punteros, excelentes. La comida es la mejor del mundo (vale, podéis pensar diferente. Para un español la comida de España es sagrada. ¿Qué le vamos a hacer?) Respetamos a los gays, lesbianas, transexuales…

Aunque todavía luchamos por la igualdad de la mujer y existen muchos casos de violencia doméstica es rarísimo sufrir una violación, por ejemplo. Puedo ir por la calle con el móvil tranquilamente, salir cuando me apetezca, volver a la hora que quiera (sola y en transporte público también). Comprar ropa de vez en cuando porque los precios son accesibles… Ok. Veo y valoro estos detalles de lo que muchos brasileños llamarían “primeiro mundo”.

Sin embargo, cuando estoy en Brasil JAMÁS he sentido saudade de España. Me preguntan mucho: “Não tem saudade de Espanha?”. Y yo me siento la persona más insensible sobre la Tierra. Suelo responder la verdad, como siempre: “Bom, sinto falta dos meus pais, do pão e do azeite, do presunto e dos amigos. Sem o resto eu posso viver tranquilamente”.

Iglesia de São Francisco de Assis, en Pampulha, Belo Horizonte. Foto: Virtudes Sánchez

Iglesia de São Francisco de Assis, en Pampulha, Belo Horizonte. Foto: Virtudes Sánchez

 

Hoy mismo he tenido una conversación con alguien que vive en Rio de Janeiro pero que vivirá en Madrid dentro de poco. Y me ha preguntado lo que me preguntan siempre “de zoeira”. De broma. “Tem saudade dos brasileiros?” Y le he respondido: “Tengo saudade de la gente, de la alegría, de las sonrisas, de la generosidad… ya sabrás de lo que hablo cuando vengas”.

Los brasileños que viven lejos de su país imagino que sentirán saudade de cosas diferentes, como sus valores, sus hábitos, sus costumbres, su forma de comportarse unos con otros… Yo como soy gringa echo de menos todo lo que me falta aquí.




¿Y qué me falta? Me falta empatía. Me falta sensibilidad. Me falta la educación del día a día, que no es tener una acumulación de títulos académicos, es decir “buenos días”, “buenas tardes” o un “hola, ¿qué tal?” mirando a la cara de la persona que tienes enfrente, la conozcas o no. Y ya no digo “oi amor, tudo bem?”. “E ai querida? Beleza?” No. No estoy hablando de lo que muchos van a decir que es hipocresía o exceso de confianza. Digo detalles que no se deben perder en la sociedad, por más moderna y avanzada que sea o precisamente por eso.

Me falta positividad. Me falta espíritu emprendedor. Me falta preguntar: “¿Vamos a hacer esto?” y que me respondan: “¡Vamos!”. Me falta tener que cambiar mis rutinas cada dos por tres porque alguna persona, que posiblemente acabo de conocer, me propone actividades a las que no puedo renunciar.

Me falta que alguien de valor a cosas como el carisma o la facilidad de comunicación. ¿Cuántas veces me han dicho en Brasil: “Você tem muito carisma”, “Você é muito comunicativa” o “Não perca essa luz”? Muchísimas veces, muchas. En todos los lugares, no solo en Rio de Janeiro. Dile esto a un español, se reirá en tu cara sin piedad, seguramente.




Me falta que reconozcan tu esfuerzo y te intenten ayudar. Sin interés. “Vamos dar uma moral!”, apoyo, genuino y verdadero. Ellos a lo mejor no se dan cuenta, pero haberlo recibido en las situaciones más extremas es precisamente lo que multiplica la maldita saudade a 8.000 kilómetros de distancia.

Me faltan emociones. Me falta humanidad. Me falta ver que los demás disfrutan de las cosas simples. Si yo lo hago, siempre me van a mirar como si estuviera loca. Salvo los otros ‘apaixonados’. Y aquí me acuerdo de Charo, la estudiante de Jaén, y el día que atravesamos el mar desde la playa de Bonete al centro de Ilhabela en una barca de pescadores mientras ella gritaba: “¡Me siento libre!”.

Me falta que la gente tenga autoestima, que confíen en ellos mismos y no odien a los demás porque sí lo hacen. Me falta que se apoyen unos a otros, que sinceramente se digan: “Vamos, ¡tú puedes!”. Me faltan sentimientos a mi alrededor. Me falta apertura mental para aprender de las culturas diferentes. Me falta la capacidad, que en realidad es una virtud, de agradecer. Y me falta unión… Eso, junto a los abrazos, es lo que más me falta 🙁

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